20/4/10

Un 20 de abril mataron a Julián Grimau

Hoy, 20 de abril de 2010, se cumplen 47 años del fusilamiento de Julián Grimau García, esta es la fecha que después de estos años en el pantano - estercolero del tardo- franquismo en el que estamos zambullidos, su causa (Consejo de Guerra) no ha sido aún revisada por la negación de los altos mandos militares que fueron cómplices de su asesinato y se niegan en rotundo a su revisión, eso sí, cuando se les pide por parte del imperio que acudan a establecer su “democracia” en países tan cercanos como porejemplo, Afganistán, Haití, Líbano, Kosovo, etc., etc.- acuden prestos y veloces a la llamada del amo sin rechistar, eso los militares, que podíamos decir de los políticos, cosas parecidas o peores, tenemos al ser Carrillo, presumiendo de la tan cacareada transición española, ¡ejemplo del mundo mundial y parte de la galaxia!, no les da vergüenza decir y hacer lo que están diciendo y haciendo, en estos días vergonzosos que estamos viviendo, cuando los apologistas de los asesinos de millares de personas están inculpando a un juez por haber intentado revisar los crímenes de sus antecesores, apologistas del nazi-fascismo reyes de la justicia y los tribunales que los amparan.


En estas estamos Julián, policías torturadores como Manuel Ballesteros y Billy
el Niño, ascendidos a comisarios para agradecerles los servicios prestados, jueces y
magistrados del Tribunal Franquista de Orden Público encumbrados en lo más alto de
cúpula de la “justicia”, — entre comillas y con minúscula — de este asqueroso país, en
estas estamos Julián y no somos capaces de quitarnos esta losa fascista que nos gobierna
— más allá de la gobiernos seudo-democráticos que dicen “gobernar”— como dijo el
dictador, (...) “lo dejo todo atado y bien atado”(...) y el tiempo pasa sin cambios a la
vista y nos hemos acomodado a esta basura que nos rodea por doquier, tu crimen y el de
tantos otros permanece sin esclarecer y sin castigo, pasan los años y cada día que pasa
estamos peor, este “país de charanga y pandereta” — como bien dijo nuestro gran poeta
Antonio Machado — devoto de Frascuelo y de María, (léase Ronaldo y Compañía), no
se mueve con miles de parados cada día, no se inmuta ante tanta hipocresía.

Con la esperanza de que dentro de otros 47 años se haya revisado tu causa, mí más emocionado homenaje a tu ejemplo y el de tantos otros como tú que dieron su vida
por un mundo mejor, ejemplo que nunca olvidaremos.

Salud, República y Poder Popular.

V.Antonio

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Julián Grimau
Julián Grimau García fue político comunista español, nacido en Madrid en 1911 y fusilado en la misma ciudad en 1963.

En su juventud militó en Izquierda Republicana. Al estallar la guerra civil, ingresó en el Partido Comunista de España (PCE). Pasó la guerra en Barcelona, donde se dedicó a labores policiales (su padre,
Enrique Grimau, había sido inspector de policía). Al ser derrotada la República, se exilió a Latinoamérica, estableciéndose posteriormente en Francia. Fue uno de los dirigentes del PCE durante la época franquista. En 1954, durante el congreso del partido celebrado en Praga, fue elegido miembro de su comité central.
A partir de 1959 se haría cargo de la dirección del partido "en el interior", es decir, en España, donde tuvo que residir clandestinamente a lo largo de varios periodos.

Su actividad le hizo ser una de las personas más buscadas por la policía
española. Tras su detención, fue torturado y arrojado por la ventana por la Brigada
Político Social, como eso no le provocó la muerte se continúo un proceso cuyo fin
estaba escrito de antemano y fue fusilado por el régimen franquista.

La prensa internacional volcó su atención sobre el caso Grimau y hubo
manifestaciones multitudinarias en varias capitales europeas y latinoamericanas. Más de
800.000 telegramas llegaron a Madrid pidiendo la paralización de lo que consideraban
un juicio farsa. Aún hoy, numerosas ciudades de todo el mundo honran al madrileño
con calles y edificios oficiales que llevan su nombre.

El proceso de Grimau

Grimau fue detenido en noviembre de 1962. La detención se produjo en un
autobús en el que viajaban únicamente él y otros dos pasajeros, que resultaron ser
agentes de la Brigada Político-Social (policía política). Obviamente, había sido
delatado. Fue conducido a la Dirección General de Seguridad, situada en la madrileña
Puerta del Sol, en el edificio conocido como Casa del Reloj, que hoy es sede del
gobierno de la Comunidad de Madrid. Allí cayó por la ventana desde un segundo piso a
un callejón, lo que le ocasionó graves lesiones en el cráneo y en ambas muñecas.
Grimau explicó este hecho a su abogado declarando que en un momento dado de la
sesión de tortura a la que fue sometido por sus interrogadores, le agarraron y le
arrojaron por la ventana, esposado con las manos delante, razón por la cual se fracturó
la frente y las muñecas.

La policía política, por boca del ministro de Información Manuel Fraga Iribarne,
declaró por el contrario que Grimau recibió un trato exquisito y que en un momento de
su interrogatorio se encaramó a una silla, abrió la ventana y se arrojó por ella de forma
"inexplicable" y por voluntad propia. Poco probable ya que se solía esposar al reo a la
propia silla.

Frente a todas las previsiones, Grimau no fue acusado por su militancia
clandestina (lo que le habría valido una condena a prisión) sino por su actividad durante
la guerra civil.

Fue la última persona procesada y condenada en España como consecuencia de
la guerra. La razón de ello es que, probablemente, el régimen quiso dar una lección a la
oposición en un momento en el que existía una ola de alta conflictividad social y
política. Grimau fue acusado por su trabajo como policía durante la guerra civil. Esa
actividad, como todas las ejercidas por miembros de la administración republicana
durante la guerra, era calificada de delito de rebelión militar. Aunque el delito se
consiguiese probar, técnicamente había prescrito tras los 25 años transcurridos. El
tribunal debía probar entonces que se trataba de un delito continuado. En concreto, a
Grimau se le imputaban torturas y asesinatos en una checa (centro de detención político)
de Barcelona. Dicha imputación, que no fue demostrada en el juicio, se le ha hecho
también desde sectores anarquistas, que le acusan de haber sido un prominente miembro
del Servicio de Información Militar (SIM) y de haber dirigido la represión contra los
acusados del asesinato del agente del SIM León Narwicz en 1938. No parece sin
embargo que existan pruebas documentales de ello. Además, estas fuentes sitúan la
actividad de Grimau en Madrid, no en Barcelona. Sin embargo, a pesar de lo anterior,
Jorge Semprún (Federico Sánchez), miembro del Comité Ejecutivo del PCE, escribió en
su Autobiografía de Federico Sánchez lo siguiente:

“A raíz de su detención (de Grimau), y sobre todo después de su asesinato,
cuando participé en la elaboración del libro “Julián Grimau — El hombre — El
crimen — La protesta, Éditions Sociales, 1963” que el Partido consagró a su
memoria, fui conociendo algunos aspectos de su vida que ignoraba por completo
mientras trabajaba con él en la clandestinidad madrileña. Así, por ejemplo, yo no sabía
que Julián Grimau, pocas semanas después de comenzada la guerra civil, cuando
todavía era miembro del Partido Republicano Federal —sólo se hizo comunista en
octubre de 1936—, había ingresado en los Cuerpos de Seguridad de la República,
trabajando primero en la Brigada Criminal de la policía de Madrid. Un día, mientras
preparábamos la confección del libro ya citado, Fernando Claudín, bastante
desconcertado y con evidente malestar y disgusto, me enseñó un testimonio sobre
Grimau que acababa de recibirse de América Latina. Allí se exponía con bastante
detalle la labor de Grimau en Barcelona, en la lucha contra los agentes de la Quinta
Columna franquista, pero también —y eso era lo que provocaba el malestar de
Claudín— en la lucha contra el POUM. o conservo copia de dicho documento y no
recuerdo exactamente los detalles de esta última faceta de la actividad de Grimau, que
el testigo de América Latina reseñaba como si tal cosa, con pelos y señales. Sé
únicamente que la participación de Grimau en la represión contra el POUM quedaba
claramente establecida por aquel testimonio, que fue edulcorado y censurado en sus
aspectos más problemáticos, antes de publicarse muy extractado en el libro al que ya
he aludido”.

Grimau fue procesado por un tribunal militar. No existían apenas en España
militares con formación jurídica, por lo que bastaba con que fuera abogado el ponente o
fiscal, encargado de asesorar a los presidentes del tribunal. En el caso del juicio a
Grimau, ejerció de fiscal un habitual de los juicios políticos, Manuel Fernández Martín,
que en realidad nunca había estudiado Derecho y desempeñaba el cargo, como muchas
otras personas en la época, gracias a que podía declarar que sus títulos "se habían
quemado durante la guerra" (fue desenmascarado un año más tarde, tras décadas de
ejercicio, y condenado a prisión). El defensor era la única persona con formación
jurídica de la sala: el teniente abogado Alejandro Rebollo (que sería diputado años
después), a quien la defensa de Grimau le costaría el puesto.

El juicio se celebró en los juzgados militares de Madrid el jueves 18 de abril de
1963, con la sala atestada de periodistas. Para Rebollo, el juicio era nulo de pleno
derecho (de acuerdo incluso con las leyes políticas de la época y aun sin saber que el
ponente era un impostor). Los delitos de torturas no fueron probados: los testigos de la
acusación declararon que conocían los crímenes del acusado "de oídas", es decir a
través de rumores o testimonios de terceros que no podían comprobarse. Sólo estaba
probado que, efectivamente, fue policía. El delito continuado de rebelión era improbable
dado que Grimau había pasado más de 20 años fuera de España tras el fin de la guerra y
no existían indicios de su presencia clandestina en el país durante ese tiempo. El fiscal
cortó en numerosas ocasiones las declaraciones del acusado y del propio abogado
defensor, cuyo alegato no fue tenido en cuenta. Tras apenas cinco horas de juicio, sin
deliberación, se dictó como estaba previsto la condena a muerte.

En realidad, el juicio por "rebelión militar", en el que se aplicaba la Ley de
Responsabilidades Políticas de 1938, hacía previsible la sentencia. Este tipo de juicios
sumarísimos en aplicación de una ley creada específicamente para aniquilar a los
republicanos no se producía desde los años inmediatamente posteriores a la guerra. En
su periodo de apogeo, acababan invariablemente con una sentencia de muerte, tanto que
a menudo los bedeles del tribunal se permitían hacer sin reparos una broma macabra que
se hizo famosa: "que pase la viuda del acusado". El fiscal Fernández Martín actuaba con
frecuencia en estos juicios y su afición a la pena de muerte era también famosa.

Por otro lado, el Consejo de Ministros del 1 de abril de aquel año 1963 había
aprobado la creación del Tribunal de Orden Público, que pretendía dar carpetazo
definitivamente a la legislación represiva aprobada en el marco de la guerra civil. A
Grimau le habría correspondido ser juzgado por este tribunal, que no habría dictado
pena de muerte sino de prisión. Por ello, para asegurarse de que Grimau sería ejecutado,
Franco dispuso que la entrada en vigor de la ley se retrasara hasta después del fusilamiento.

La presión internacional

Precisamente por lo inusitado del procedimiento, eco de una guerra que por otro
lado el franquismo parecía querer enterrar (comenzaban a prepararse los actos de los
"veinticinco años de paz"), y porque se esperaba lo peor, desde el anuncio de los cargos
contra Grimau se desató una reacción internacional de protesta y presión sin precedentes
en ningún aspecto relacionado con España. La prensa internacional volcó su atención
sobre el caso Grimau y hubo manifestaciones multitudinarias en varias capitales
europeas y latinoamericanas. En algunos puertos, los estibadores se negaban a descargar
los barcos españoles, y más de 800.000 telegramas llegaron a Madrid pidiendo la
paralización de lo que consideraban un juicio farsa. La presión no pareció afectar al
general Franco, que en su línea habitual la atribuyó a una "conspiración masónico-
izquierdista con la clase política". Manuel Fraga, en su calidad de ministro de
Información y Turismo, inició una intensa campaña dirigida a la prensa internacional
atribuyendo a Grimau los mayores crímenes.

Tras la lectura de la sentencia, sólo cabía la posibilidad de que Franco conmutara
la pena por otra de prisión. Numerosos jefes de Estado se pusieron en comunicación con
él para hacerle esta petición, entre ellos el papa Juan XXIII y el líder soviético Nikita
Jrushchov, lo que tampoco tenía precedentes: era la primera vez que un dirigente
soviético se dirigía oficialmente al régimen franquista. Dentro de España, algunas
personalidades cercanas al régimen pidieron también clemencia. El Consejo de
Ministros, formado por 17 personas, se reunió el 19 de abril. Duró diez horas, aunque al
parecer sólo Fernando Castiella, titular de Exteriores, y Vicente Fernández Bascarán,
subsecretario del Ministerio de la Gobernación y ministro en funciones aquel día,
manifestaron su oposición a la ejecución de la sentencia, alarmados por la presión
internacional y las consecuencias que podía tener en la política exterior española. Su
oposición fue sin embargo más bien tímida, ya que Franco finalmente exigió una
votación y la decisión de firmar la sentencia se tomó por unanimidad.
Muerte de Grimau

Julián Grimau, entre tanto, pasaba en el cuartel militar del barrio de
Campamento sus horas de capilla, es decir, las previas a la ejecución de la pena, en
compañía de su abogado, de acuerdo con las ordenanzas militares. Hacia las 5 de la
madrugada del 20 de abril, fue trasladado en una furgoneta al campo de tiro del cuartel,
donde debía ejecutarse el fusilamiento. En principio, correspondía a la Guardia Civil
formar el pelotón, pero sus mandos se negaron a hacerlo. El capitán general de Madrid
rehusó también que el pelotón fuera integrado por militares de carrera, que era la
segunda opción. Parece ser que fue el propio Franco quien dio la orden de que los
ejecutores de Grimau fueran soldados de reemplazo, y así se hizo. Jóvenes, asustados y
sin experiencia de tiro, según los testigos, dispararon a Grimau 27 balas sin lograr
acabar con su vida. Fue el teniente que mandaba el pelotón quien hubo de rematar a
Grimau de dos tiros en la cabeza.

Según confesó años más tarde a la familia del fallecido, este acto le persiguió
durante toda su vida, hasta el punto de que acabó sus días en un psiquiátrico. Julián
Grimau fue enterrado en el cementerio civil de Madrid.
Rehabilitación de Grimau

Con la llegada de la democracia, a partir de 1975, se abría teóricamente la
posibilidad de revisar el caso Grimau y el de otras víctimas de la dictadura. Sin
embargo, los acuerdos conocidos como Pactos de la Moncloa supusieron de facto una
Ley de Punto Final y del silencio, de la que el PCE fue paradójicamente (porque era
quien más había sufrido la represión) el mayor valedor. En términos generales, se
procuraba olvidar los aspectos más oscuros del régimen anterior y enterrar
definitivamente la memoria de la República y la guerra. En los años 1980, según
testimonios de militantes del PCE y de familiares de Grimau, el ayuntamiento de
Madrid, a la sazón dirigido por Enrique Tierno Galván, del Partido Socialista Obrero
Español, propuso extraoficialmente rebautizar la avenida del Mediterráneo como
avenida de Julián Grimau (existen calles y edificios públicos con el nombre de Grimau
en numerosas ciudades fuera de España). El PCE se negó, mostrando así su voluntad de
enterrar el asunto.

Desde mediados de los años 1990, sin embargo, la consolidación de la
democracia y el tiempo transcurrido desde la guerra, además del fallecimiento de la
mayoría de sus actores (lo que hacía menos conflictiva cualquier referencia a la misma),
ha venido propiciando que se empezara a reivindicar en el ámbito parlamentario la
memoria y reparación de los represaliados. Buena parte de las iniciativas en este sentido
procedían y proceden de Izquierda Unida, coalición que integra a un PCE ya sin su
antigua dirección — bajo el mando de Carrillo — y con las bases que la apoyaban muy
mermadas. El 15 de abril de 2002, Izquierda Unida presentó una Proposición no de Ley
sobre la rehabilitación pública y democrática de la figura de Julián Grimau, que
recibió los votos a favor de todos los partidos con representación parlamentaria excepto
el Partido Popular (PP), que a la sazón gobernaba con mayoría absoluta.

El PP tenía una razón doble para oponerse y así lo expresó: por principio, es
contrario a toda iniciativa política acerca de la guerra y sus consecuencias o el
franquismo. En segundo lugar, preveía que el debate sobre Grimau tenía muchas
posibilidades de convertirse además en un juicio público al ministro que defendió en
todos los medios de comunicación su asesinato, Manuel Fraga, fundador del Partido
Popular y entonces presidente de la comunidad autónoma de Galicia. En mayo de 2005,
Izquierda Unida presentó una iniciativa similar en la Asamblea de Madrid (parlamento
de la comunidad autónoma), para que dicha asamblea inste al gobierno a rehabilitar la
figura de Julián Grimau. Esta iniciativa sí ha contado con el respaldo del PP, que cuenta
con mayoría absoluta en la cámara.
Otros datos

Impactada por la muerte de Grimau, la artista chilena Violeta Parra le dedicó
unos versos de su canción '¿Que dirá el Santo Padre?' publicada en el trabajo
Recordando a Chile (Una Chilena en París) de 1965.

"El que oficia la muerte
como un verdugo tranquilo
está tomando su desayuno.
Lindo se dará el trigo por los sembraos
regaos con tu sangre Julián Grimau”

inSurGente/20/04/2010

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