13/7/08
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LPyC/13/07/2008
Desalambrando conciencias. (Vivimos en libertad condicional)
Por: Michel Balivo-
Percibimos la realidad existencial, la convivencia cotidiana que siempre es en relación, a través de “lentes ideológicos” demasiado complicados. Si observamos con atención como se maneja el reality show a una semana de la liberación de los 15 rehenes en Colombia, eso se nos hace evidente. Los micrófonos y cámaras solo enfocan unidireccionalmente a Ingrid Betancourt.
Ella se ganó con seis años de rehén en las selvas colombianas, el premio mayor de la caprichosa lotería del prestigio mediático internacional. Solo tienen un espacio colateral presidentes, ministros y generales. El resto del mundo no existe, todo se reduce a un aséptico estudio con aire acondicionado y utilería, un locutor con un guión preestablecido, respuestas contradictorias.
La cámara y los micrófonos enfocan unidireccionalmente, uno por vez, no hay la menor realimentación con otros actores de la realidad colombiana, sudamericana, mundial. No hay historia que gestione y sostenga, el momento presente no tiene causas, es como una nube que flota incorpórea, ingrávida en el plácido o accidentado cielo despejado o tormentoso.
Es de ese modo que nuestros hábitos colectivos de atención, modos de organizar, percibir, interpretar y reaccionar a la realidad, han sido educados explícita y masivamente por décadas de observación pasiva de los medios de comunicación. Motivo por el cual, hoy en día todo ese escenario inevitablemente copresente nos pasa ya des-apercibido.
A fuerza de choques y desencajes, que ponen en evidencia los abismos entre nuestras expectativas, hábitos, creencias, lentes ideológicos intermediadores con la realidad, y los desastrosos resultados obtenidos; poco a poco y esforzadamente vamos cayendo en cuenta de que algo anda mal, algo está equivocado. ¿Pero, qué?
Basta ver como trata las noticias Telesur, para asistir a otro enfoque alternativo de esa realidad mediática que nos presentan o venden masivamente. Pero aún así, eso no nos resuelve la problemática cotidiana, ni nos da unos nuevos y mágicos lentes ideológicos que nos permitan reconocer de inmediato lo desapercibido. Porque no se aprende a pensar estructuralmente como un espectador pasivo y/o tomando pastillitas que curan todos los males por un dólar.
La vida es una totalidad experimentada, que no se puede dividir en casilleros separados y estáticos salvo artificial o virtualmente, como una conveniencia éxplicita para su estudio, Pero pareciera que eso nunca lo supimos o en algún momento lo olvidamos. Al menos así lo testimonia nuestra minusvalía, analfabetismo funcional, nuestra enajenación natural e histórica social presente.
Yo creo que hoy en día cuando menos se esboza la ingenuidad cartesiana, que se forjó en el fuego de la inquisición de los reverendos frailes medievales. ¿Has intentado pensar sin sentir nada al respecto? ¿Has logrado dejar de lado tus intereses cuando intentas tomar decisiones importantes y equilibradas para el resto de tu vida?
Si lo has intentado con sinceridad y permanencia, creo que has de coincidir conmigo que esa razón cartesiana que surge como una alternativa ideal a un modelo medieval agotado y en crisis, (a mil quinientos años de superstición y oscurantismo, convirtiéndose en el fundamento de nuestra conciencia colectiva y su actual organización social), tiene serias inconsistencias y limitaciones.
Yo cuando menos, no he logrado más que intentar imponerme, superponerme formas, imágenes rígidas, casilleros estáticos de cómo deben ser las cosas. Para tener que terminar reconociendo que me he ido convirtiendo en una estatua de restringidos, difusos y pesados movimientos, y que toda mi escenografía no es sino una representación virtual, una apariencia. Una farsa en lo que hace a mis verdaderos sentimientos, pues nada tiene que ver con ellos sino con los medios por los que se supone conseguiré lo que quiero. Pero así como viviendo, el postulado fundamental de la razón de que “A siempre es igual a A y jamás puede convertirse en B”, se demuestra más bien una ingenua y humana expresión de deseo, de cómo a mi me gustaría que fuesen las cosas, una falacia ante el continuo transformismo de los fenómenos naturales y sicológicos.
Del mismo modo llega un momento en que mis sentimientos esenciales quedan enterrados y olvidados bajo los hábitos y creencias de lo que debería ser, de los medios y caminos para obtener lo que quiero. Y ya no sé qué es lo que realmente quiero, solo me queda la inercia, el tropismo y la identificación con el ejercicio de los caminos intentados para obtenerlo.
Hoy cuando intento quitarme las gafas que esos caminos intentados, esa dirección de vida ejercitada le ha impuesto a mi sensibilidad, me da la impresión de que una condición mayor, colectiva, afecta y se impone a cada una de mis intenciones y actos. Tú puedes ser muy bueno o malo según el modelo social imperante, pero estás sometido a esa condición del mismo modo que todo pescador, por bueno o malo que sea, está sujeto a las corrientes marinas y climas.
Cuando intentas observar sin las gafas de los hábitos y las creencias, lo primero que te encuentras es que los anhelos e ideales colectivos de cada etapa social, son los que en realidad ponen en evidencia las condiciones de vida en que se originan y a las cuales intentan compensar.
Si aspiramos a libertad, justicia, equidad, no será seguramente porque esas son las condiciones de la organización social que estamos viviendo, ¿verdad? Si como ideales y compromisos de toda relación íntima, exigimos fidelidad, permanencia, eternidad, exclusividad, ¿no pone eso en evidencia cuál es nuestra organización social y los estados de ánimo de nuestra conciencia, sensibilidad, intimidad?
Si concebimos dioses coléricos e irascibles, que exigen todo tipo de mandamientos personales y sociales, así como en otros momentos dioses únicos, padres de todos los padres concebibles, que son amorosos y tolerables, ¿no pone eso en evidencia como experimentamos la vida, el mundo, la organización social imperante?
¿O acaso quien se siente libre, seguro, feliz, satisfecho, autosuficiente, se dedica a imaginar e implementar vínculos de dependencia, intermediadores con la felicidad y la riqueza, entidades todo poderosas que nos premiarán o castigarán si hacemos esto o lo otro?
Si bajamos por la escalerita mental y social de la pirámide jerárquica, no nos resultará difícil reconocer los mismos estados de ánimo desde los cuales organizamos cielos e infiernos, en los reyes feudales o egipcios y sus cortes. El mismo modelo es claramente reconocible, aun cuando con mayor movilidad, en la presente organización representativa y hasta en la familia.
Padre, patriarca o presidente, son autoridades todopoderosas que deciden sobre las vidas de los demás y otorgan o no privilegios según caprichosos e irracionales estados de ánimo. Hijos, amantes y súbditos compiten entre sí por sus favores. ¿O acaso no nos referimos a esos favores y privilegios cuando decimos que nos quieren o no nos quieren?
¿No es esa la historia del romance entre los países subdesarrollados latinoamericanos y papá EEUU? Pero claro, ser humano es aspirar antes o después al cambio, a la superación de lo ya experimentado. Esa función de rebeldía de los hijos con los papis, la posibilitó y cumplió el conocimiento abstracto a medida que fue acumulándose.
Porque de ese modo, gradualmente los hijos sabían cada vez más que sus padres y ya no dependían ni tenían que reverenciarlos hasta el momento de su muerte, para ser los preferidos receptores de su conocimiento, bienes y báculo patriarcal, es decir de su omnipotencia. Pareciera entonces que en el conocimiento, en la transición del dogmático pensamiento medieval a los fundamentos de la razón cartesiana del Renacimiento, hizo explosión la rebeldía de las juventudes oprimidas por la tiranía de las viejas generaciones de todos los tiempos.
El conocimiento fue entonces una herramienta de liberación, de expresión de rebeldía acumulada, de concreción en los hechos sociales de la renovación generacional biológica, de la sustitución de lo viejo por lo nuevo. ¿No sucede lo mismo hoy que Latinoamérica niña creció y quiere tomar sus propias decisiones, experimentar sus consecuencias de primera mano? ¿No se encienden nuevamente las hogueras y persecuciones de brujas de la inquisición?
Reconocer, tomar conciencia de nuestras cadenas, de la imposición de una condición a cada una de nuestras intenciones y acciones, implica y es entonces, una dinámica estructural con la intensidad y permanencia del ejercicio liberador personal y colectivo. ¿O no reacciona EEUU y los intereses corporativos establecidos y hegemónicos, a nuestra dirección de hechos de soberanía?
Lo que sucede entonces es que vivimos tiempos intensos y mayores de cambio global, y por ello se intensifican las dialécticas generacionales y de todo tipo y comenzamos a ver, comienza a entrar en conciencia la condición que nos sugestionó y pasó por ello desapercibida.
¿O no son y llamamos automatismos, tropismos, hábitos y creencias, justamente a todo aquello que reacciona sin pasar necesariamente por conciencia, sin exigir energía atencional? ¿A todo aquello que sigue los caminos de menor resistencia o menor conciencia?
Estoy escuchando al presidente Chávez conversando con una reclusa guyanesa, que no habla español y tiene dos años ya en la cárcel, sin ninguna conclusión. Esto sucede en medio de un acto de indultación de condenas por una reorganización del sistema de justicia. Le pregunta a la presidenta de la Corte Suprema de Justicia si eso es justo, si eso es justicia.
Pregunta a los responsables de los penales si hay ricos en la cárcel. Ante sus respuestas negativas dice que la justicia tiene que humanizarse, salirse de su castillo de cristal e ir a la calle, poner carpas en las cárceles si es necesario, y resolver de una vez los casos pendientes.
Dice que vivimos en un derecho, en una justicia injusta e inhumana, bajo una legislación para apuntalar la injusticia social que convierte a las cárceles en bancos, alcancías, “depósitos de pobres”. La fiscal general, también una mujer, le contesta que para eso es necesario cambiar las leyes. Chávez contesta ¿Y? ¿No tenemos mayoría en la Asamblea Legislativa? ¿No son las leyes ajustes a la naturaleza de la sensibilidad y los hechos sociales, a las coyunturas históricas que vivimos? ¿O son aún dictámenes y mandamientos bajados de los cielos?
¿No hablamos de humanizar al mundo? ¿Cómo lo haremos? ¿Llenando cárceles para excluir el problema de nuestro horizonte perceptual? Ese es justamente el mundo que hemos organizado, de casilleros separados y que supuestamente no se afectan mutuamente. Pero las raíces de los problemas no se resuelven y las cárceles desbordan, la represión se intensifica.
Las enfermedades sociales requieren estudios y soluciones, remedios sociales y no bárbaros castigos para lo que no entendemos y tememos, que muchas veces se convierten en venganzas resultantes de nuestros temores y frustraciones acumulados.
¿Por qué violar lo bien visto para un momento social, ha de corresponder a respuestas iguales o peor de bárbaras, a la pérdida de todos los derechos sociales? ¿No debería ser justamente todo lo contrario? ¿No debieran ser ellos los que mayor atención y derechos sociales habrían de recibir? ¿No han sido infinitas veces los innovadores sociales burlados y encarcelados? ¿Qué pasó con Jesús, Bolívar, el Ché? ¿Y qué nos dice eso de nuestras sociedades, de nosotros mismos? ¿Hasta cuando creeremos que la violencia se resuelve con más violencia, y que por ese camino podríamos llegar alguna vez de algún mágico modo a la paz? ¿No sigue siendo eso el código del ojo por ojo y diente por diente, una simple venganza o vendetta mafiosa que hereda cual código de honor cada jefe de familia, de generación en generación?
Una vez más entonces, ¿hay o no hay una condición subterránea y colectiva, desapercibida, que se impone a cada una de nuestras intenciones, decisiones, intereses y conductas de cada día, produciendo resultados diferentes a los intencionados? Y si no la reconocemos siquiera, ¿cómo la resolveremos, cómo extirparemos sus raíces?
Yo no tengo las respuestas. ¿Y tú? Pero como en tantas otras cosas más, cuando intento quitarme las complicadas gafas de las creencias e ideologías con que intermedio las relaciones, la realidad, y lo logro por un instante, me parece reconocer que justamente es todo eso aprendido y ejercitado lo que hoy experimento como limitaciones.
Ayer fue un modo de pensarme, sentirme y expresarme en el mundo. Pudo ser más o menos satisfactorio. Pero hoy me resulta limitador. Esos hábitos y creencias no me permiten llegar a ti, comprenderte, hacen que te tema y me proteja, me construya armaduras emocionales. Todo lo cual termina deshumanizando nuestras relaciones.
¿Resolveremos eso con dinero, con posesiones compensatorias a nuestras incertidumbres, fantasmas, soledades, alienaciones? Un sacerdote sueña despierto y dice que en el nuevo mundo las cárceles tienen que dejar de existir, ser sustituidas por algo nuevo, diferente. El presidente Chávez lo confirma, agrega que esta es la posibilidad de cambiar un sistema violento desde sus mismas raíces, impactando la realidad global.
Ordena que se forme una comisión multidisciplinaria para estudiar y buscar soluciones creativas y humanizantes de esa problemática. Dice, leyendo a Foucault, que si no cambiamos el sistema carcelario, el sistema de premios y castigos sociales, inútil será todo intento superficial de cambio de sistema ideológico.
Porque a fin de cuenta, ¿no hay una emocionalidad, un sistema de intereses originado en la relación con el entorno, traducido a ideología tras todo el sistema carcelario? ¿No es la contracara oscura al final de la escalera jerárquica, el último y más bajo escalón, el mayor castigo opuesto al mayor premio social por ser bueno o malo según el modelo de moda?¿No es la lucha, la dialéctica personal y social por la libertad y sus variadas limitaciones, el motor y la conectiva de toda nuestra historia?
La revolución en la práctica no es sino liberarnos de los intermediarios, dinamitar las fronteras, desalambrar las parcelas, las propiedades que cubren de alambres de púas la delicada y sensible piel de la madre naturaleza y sus criaturas. No otra cosa son las misiones venezolanas como intento de eludir la burocracia institucional y hacer llegar a todos lo que de todos es, siempre ha sido.
No otra cosa es Petrocaribe, Telesur, el Alba. Quitar viejas formas institucionales que intermedian relaciones entre tú y yo, sin importar cuan grandes túes y yoes se hayan agrupado e identificado bajo sus banderas. Ir cambiándolas por otras nuevas que demuestren ajustarse mejor a la sensibilidad y exigencias del momento que vivimos, que alivien el elevado sistema de tensiones, el sufrimiento mental que experimentamos.
No es difícil darse cuenta que es cuando decaen la sinceridad e intensidad de los vínculos emocionales, que brotaron naturalmente estableciendo una relación, que los bienes materiales y sicológicos que ocupaban un papel de trasfondo totalmente secundario y funcional, pasan a convertirse en prima donna, en vedet. El afecto en transacción de negocios y conveniencias.
Lo que no es tan fácil de reconocer, es que la misma libertad, los mismos deseos de una vida mejor, que se expresaron como formas de relación con el mundo en un momento dado, son los que luego se van convirtiendo en cárceles limitantes, callejones estrechos que nos dificultan respirar, que intermedian toda posible relación asfixiando, frustrando todo intento de cambio.
Sin embargo, cuando comenzamos a reconocerlo, queda claro que todo tipo de libertad o felicidad personal y social, (que son una y la misma pues no vivimos en nubes ni entelequias), responden a modelos culturales o formas económicas de organización del trabajo. Decir organización es igual a decir conciencia. ¿O acaso hay otra inteligencia capaz de hacerlo?
Cuando una forma se agotó o ya resulta limitante, insuficiente, insatisfactoria, nada haces en consecuencia con reprimir, exterminar, encarcelar, castigar. Solo cabe reconocer sus hábitos y creencias intermediando toda posible relación, y recrearlas acorde a la sensibilidad y necesidades de la conciencia.
Pero más allá de ello, se trata de aprender a percibirnos de modos más simples, menos intermediados por el pasado heredado, menos temerosos, más humanos, plenos y satisfactorios. De reconocer la condición mental, emocional y física que se impone a nuestra conciencia, a cada una de nuestras decisiones y conductas resultantes. Para entonces poder dar un nuevo paso de libertad, justicia, humanidad, felicidad. Para aprender el mayor de los artes, de las libertades, la de recrear nuestras personalidades y mundos.
ARGENTINA: La tierra del estanciero
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ECONOMIA › OPINION
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Por Mario Rapoport *
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La expresión “granero del mundo” quedó grabada en la mente de muchos argentinos como una época de oro de nuestra economía. Pero, como decía Jauretche, formaba parte más bien de una mitología que don Arturo describió, en su lenguaje campero, con el nombre criollo de “zoncera”. La Argentina no era a principios del siglo XX el primer exportador agropecuario del globo (en 1907 sólo se ubicaba tercero después de EE.UU. y Rusia) y sería más apropiado llamarla estancia vacuna, el negocio principal de los dueños del poder. No por casualidad uno de los juegos para niños más populares del país por décadas se apoda el “juego del estanciero”. Es fácil darse cuenta también, desde las primeras apropiaciones de tierra –vía el “eufemismo” de las genocidas “campañas del desierto”, la ley de enfiteusis y otros mecanismos puestos en práctica por los distintos gobiernos “patrios” para “repartir” con “generosidad” estos lares–, de que ese “granero del orbe” (generosa licencia poética de Rubén Darío), no pertenecía ni por asomo al conjunto de la población. El censo de 1914 mostraba, por el contrario, que la propiedad de la tierra era de muy pocos: el 5 por ciento de los propietarios disponía en 1914 del 55 por ciento de las explotaciones.
La poderosa oligarquía que gobernaba el país en función de sus intereses agro-exportadores, tenía al menos tres principales características. Primero, una cultura fuertemente rentística, pues sus principales ingresos provenían de las extraordinarias ganancias que les brindaba la renta de la tierra. Segundo, una conducta antidemocrática que permitía a “todos los hombres de mundo habitar el suelo argentino”, pero marginaba políticamente a los inmigrantes que llegaban para trabajar pero no para ser ciudadanos. Era la llamada “república restringida” de la que nos habla Botana, propiedad de “gobiernos electores” perpetuados en el poder mediante el poco elegante mecanismo del fraude electoral y la interdicción de sus opositores. Tercero, una visión del mundo que llegó a considerar, en palabras de Miguel Angel Cárcano, que “la amistad anglo-argentina” tenía su origen en “los aguerridos y bellos soldados que aparecieron una mañana (de 1806) en las playas de Quilmes” (sic) mediante el extraño recurso de una invasión a sangre y fuego. Por algo se llegó a pensar a la Argentina como una especie de “colonia informal” del Reino Unido, el principal comprador de sus productos.
Esa oligarquía adoptaba, por lo general, pautas de consumo extravagantes y no necesitaba o no le interesaba invertir en capitales de riesgo. De esa manera, para crear la infraestructura que el aparato agroexportador requería (transportes, puertos, urbanización, bienes de capital) los aportes vinieron casi en su totalidad del exterior. Como narra Ferns, describiendo la conducta de ese sector, “en los centros de placer europeos la palabra argentino se convirtió en sinónimo de riqueza y lujo”. En cambio, para el más crítico Carlos Ibarguren, “el fomento y el de- sarrollo desenfrenado de los negocios (?) y de la especulación engendraron una irresistible ola de agio en todos los terrenos (?). Ello trajo como consecuencia la corrupción, el despilfarro, el afán del oro, la riqueza fácil”. Valores que se transmitieron, de una u otra forma, al resto de la sociedad y, sobre todo, a los sectores medios. Un señor, Félix J. Weil, que conocía bien el ambiente de que se trataba, le daba por nombre “La tierra del estanciero” a uno de los capítulos de un libro esencial para conocer la Argentina de las vísperas del peronismo1. Weil era la “oveja negra” de una familia que poseyó a principios del siglo XX una de las más grandes firmas de exportación de granos del país. Pero cometió el pecado de haberse ido a estudiar a Alemania, hacerse marxista y fundar con su dinero –parte de la renta agraria argentina que daba para todo– la subversiva Escuela de Frankfurt. Sin embargo, la oligarquía era benévola con sus miembros y en la década del 30 colaboró con los gobiernos conservadores sin abjurar en el fondo de sus ideas. Y en su libro Weil trata un tema que todavía nos interesa. Esa oligarquía se oponía no sólo a explotar plenamente sus tierras, lo que muchos en la época denunciaban como “latifundio”, sino también, y sobre todo, a pagar sus impuestos.
Yrigoyen no pudo imponer en sus gobiernos un impuesto sobre los réditos (tuvo tres intentos fallidos en 1919, 1922 y 1924), que el Senado, con mayoría conservadora, le negaba, y hubo que esperar hasta 1932, después del estallido de la crisis de los años ’30, para su aprobación legislativa. Debe resaltarse que en esta etapa, ante la abrupta caída del comercio internacional, era la propia subsistencia del Estado nacional la que dependía de la modificación de la estructura tributaria. Además, pesaba el riesgo de la moratoria en el pago de la deuda externa. Sin embargo, no todos estaban de acuerdo. “Cuando los bienes han sido acumulados (?) la gente pobre puede beneficiarse en el máximo grado de los esfuerzos de los más afortunados y los más eficientes” era el argumento utilizado por diversas instituciones empresarias, entre ellas las rurales, para oponerse al nuevo impuesto a los réditos, tesis parecida a la del llamado “efecto derrame”, prevaleciente como dogma cincuenta años más tarde.
Weil denuncia en los años ’40 una de las formas más frecuentes para evadir esos y otros impuestos: la creación de sociedades anónimas. Además de constituir una manera sencilla para evitar pagar el impuesto a la herencia, que muchos años más tarde anularía el inefable Joe Martínez de Hoz, también servía para otros fines. Así, en lugar de tener acciones en una sociedad que era propietaria de cinco estancias, un individuo tenía acciones en cinco sociedades, cada una de la cuales poseía una estancia que no sobrepasaba el área mínima imponible de tierras estipuladas por la ley para cierto tipo de impuestos. De esa forma, a diez años de vigencia del impuesto a los réditos, Carlos Alberto Acevedo –ministro de Hacienda en los gobiernos conservadores de la Concordancia– proponía otra reforma impositiva. A fin de evitar la inflación, esa reforma no podía ser sustituida “por gravámenes indirectos que incidirían sobre los consumidores, ya bastante recargados con el aumento del costo de la vida”. Por lo cual, “los impuestos a las grandes ganancias, a las grandes rentas, y a las grandes fortunas son el remedio económico que el país necesita en estos momentos”. Pero, por supuesto, tuvo poco eco y su iniciativa no fue aprobada.
El aumento a las retenciones de los productos agrícolas de exportación vuelve a colocar en el tapete la cuestión de las reformas económicas faltantes que el Gobierno debería realizar, entre las cuales una de las más importantes es, sin duda, la del sistema tributario. En el curso de la historia argentina la concentración de la propiedad rural no sólo significó un obstáculo a la materialización de potenciales encadenamientos productivos hacia la industria, sino que frenó, a través del poder político de la elite propietaria, todo intento de gravar las ganancias extraordinarias de ese sector, ni con un impuesto a la renta de la tierra ni a través de un arancel sustancial a las exportaciones. En su memoria de 1964, la Sociedad Rural Argentina califica como injusto e inconveniente que el campo sea gravado porque constituye la “fuente básica de la riqueza, sobre la que se estructura la vida económica de la nación”. En el “juego del estanciero” existen casilleros que indican al jugador el pago de una determinada cantidad de dinero por deudas o impuestos. Para la SRA sería cuestión de suprimir en la maldita realidad esta pésima jugada.
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* Economista e historiador. Investigador Superior del Conicet.
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1 El libro se titula Argentine Riddle (El enigma argentino), publicado en EE.UU. en 1944.
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La expresión “granero del mundo” quedó grabada en la mente de muchos argentinos como una época de oro de nuestra economía. Pero, como decía Jauretche, formaba parte más bien de una mitología que don Arturo describió, en su lenguaje campero, con el nombre criollo de “zoncera”. La Argentina no era a principios del siglo XX el primer exportador agropecuario del globo (en 1907 sólo se ubicaba tercero después de EE.UU. y Rusia) y sería más apropiado llamarla estancia vacuna, el negocio principal de los dueños del poder. No por casualidad uno de los juegos para niños más populares del país por décadas se apoda el “juego del estanciero”. Es fácil darse cuenta también, desde las primeras apropiaciones de tierra –vía el “eufemismo” de las genocidas “campañas del desierto”, la ley de enfiteusis y otros mecanismos puestos en práctica por los distintos gobiernos “patrios” para “repartir” con “generosidad” estos lares–, de que ese “granero del orbe” (generosa licencia poética de Rubén Darío), no pertenecía ni por asomo al conjunto de la población. El censo de 1914 mostraba, por el contrario, que la propiedad de la tierra era de muy pocos: el 5 por ciento de los propietarios disponía en 1914 del 55 por ciento de las explotaciones.
La poderosa oligarquía que gobernaba el país en función de sus intereses agro-exportadores, tenía al menos tres principales características. Primero, una cultura fuertemente rentística, pues sus principales ingresos provenían de las extraordinarias ganancias que les brindaba la renta de la tierra. Segundo, una conducta antidemocrática que permitía a “todos los hombres de mundo habitar el suelo argentino”, pero marginaba políticamente a los inmigrantes que llegaban para trabajar pero no para ser ciudadanos. Era la llamada “república restringida” de la que nos habla Botana, propiedad de “gobiernos electores” perpetuados en el poder mediante el poco elegante mecanismo del fraude electoral y la interdicción de sus opositores. Tercero, una visión del mundo que llegó a considerar, en palabras de Miguel Angel Cárcano, que “la amistad anglo-argentina” tenía su origen en “los aguerridos y bellos soldados que aparecieron una mañana (de 1806) en las playas de Quilmes” (sic) mediante el extraño recurso de una invasión a sangre y fuego. Por algo se llegó a pensar a la Argentina como una especie de “colonia informal” del Reino Unido, el principal comprador de sus productos.
Esa oligarquía adoptaba, por lo general, pautas de consumo extravagantes y no necesitaba o no le interesaba invertir en capitales de riesgo. De esa manera, para crear la infraestructura que el aparato agroexportador requería (transportes, puertos, urbanización, bienes de capital) los aportes vinieron casi en su totalidad del exterior. Como narra Ferns, describiendo la conducta de ese sector, “en los centros de placer europeos la palabra argentino se convirtió en sinónimo de riqueza y lujo”. En cambio, para el más crítico Carlos Ibarguren, “el fomento y el de- sarrollo desenfrenado de los negocios (?) y de la especulación engendraron una irresistible ola de agio en todos los terrenos (?). Ello trajo como consecuencia la corrupción, el despilfarro, el afán del oro, la riqueza fácil”. Valores que se transmitieron, de una u otra forma, al resto de la sociedad y, sobre todo, a los sectores medios. Un señor, Félix J. Weil, que conocía bien el ambiente de que se trataba, le daba por nombre “La tierra del estanciero” a uno de los capítulos de un libro esencial para conocer la Argentina de las vísperas del peronismo1. Weil era la “oveja negra” de una familia que poseyó a principios del siglo XX una de las más grandes firmas de exportación de granos del país. Pero cometió el pecado de haberse ido a estudiar a Alemania, hacerse marxista y fundar con su dinero –parte de la renta agraria argentina que daba para todo– la subversiva Escuela de Frankfurt. Sin embargo, la oligarquía era benévola con sus miembros y en la década del 30 colaboró con los gobiernos conservadores sin abjurar en el fondo de sus ideas. Y en su libro Weil trata un tema que todavía nos interesa. Esa oligarquía se oponía no sólo a explotar plenamente sus tierras, lo que muchos en la época denunciaban como “latifundio”, sino también, y sobre todo, a pagar sus impuestos.
Yrigoyen no pudo imponer en sus gobiernos un impuesto sobre los réditos (tuvo tres intentos fallidos en 1919, 1922 y 1924), que el Senado, con mayoría conservadora, le negaba, y hubo que esperar hasta 1932, después del estallido de la crisis de los años ’30, para su aprobación legislativa. Debe resaltarse que en esta etapa, ante la abrupta caída del comercio internacional, era la propia subsistencia del Estado nacional la que dependía de la modificación de la estructura tributaria. Además, pesaba el riesgo de la moratoria en el pago de la deuda externa. Sin embargo, no todos estaban de acuerdo. “Cuando los bienes han sido acumulados (?) la gente pobre puede beneficiarse en el máximo grado de los esfuerzos de los más afortunados y los más eficientes” era el argumento utilizado por diversas instituciones empresarias, entre ellas las rurales, para oponerse al nuevo impuesto a los réditos, tesis parecida a la del llamado “efecto derrame”, prevaleciente como dogma cincuenta años más tarde.
Weil denuncia en los años ’40 una de las formas más frecuentes para evadir esos y otros impuestos: la creación de sociedades anónimas. Además de constituir una manera sencilla para evitar pagar el impuesto a la herencia, que muchos años más tarde anularía el inefable Joe Martínez de Hoz, también servía para otros fines. Así, en lugar de tener acciones en una sociedad que era propietaria de cinco estancias, un individuo tenía acciones en cinco sociedades, cada una de la cuales poseía una estancia que no sobrepasaba el área mínima imponible de tierras estipuladas por la ley para cierto tipo de impuestos. De esa forma, a diez años de vigencia del impuesto a los réditos, Carlos Alberto Acevedo –ministro de Hacienda en los gobiernos conservadores de la Concordancia– proponía otra reforma impositiva. A fin de evitar la inflación, esa reforma no podía ser sustituida “por gravámenes indirectos que incidirían sobre los consumidores, ya bastante recargados con el aumento del costo de la vida”. Por lo cual, “los impuestos a las grandes ganancias, a las grandes rentas, y a las grandes fortunas son el remedio económico que el país necesita en estos momentos”. Pero, por supuesto, tuvo poco eco y su iniciativa no fue aprobada.
El aumento a las retenciones de los productos agrícolas de exportación vuelve a colocar en el tapete la cuestión de las reformas económicas faltantes que el Gobierno debería realizar, entre las cuales una de las más importantes es, sin duda, la del sistema tributario. En el curso de la historia argentina la concentración de la propiedad rural no sólo significó un obstáculo a la materialización de potenciales encadenamientos productivos hacia la industria, sino que frenó, a través del poder político de la elite propietaria, todo intento de gravar las ganancias extraordinarias de ese sector, ni con un impuesto a la renta de la tierra ni a través de un arancel sustancial a las exportaciones. En su memoria de 1964, la Sociedad Rural Argentina califica como injusto e inconveniente que el campo sea gravado porque constituye la “fuente básica de la riqueza, sobre la que se estructura la vida económica de la nación”. En el “juego del estanciero” existen casilleros que indican al jugador el pago de una determinada cantidad de dinero por deudas o impuestos. Para la SRA sería cuestión de suprimir en la maldita realidad esta pésima jugada.
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* Economista e historiador. Investigador Superior del Conicet.
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1 El libro se titula Argentine Riddle (El enigma argentino), publicado en EE.UU. en 1944.
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Página/12 Web - Argentina/13/07/2008
ARGENTINA: Los gordos de 20.000 hectáreas
ECONOMIA › QUIENES SON LOS DUEÑOS DE LAS GRANDES EXTENSIONES EN BUENOS AIRES
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Grupos económicos y familias tradicionales como B&B, Blaquier, Bullrich y Pueyrredón, entre otros, fueron los que introdujeron el modelo de agronegocios. Por qué se oponen a las retenciones.
.
Por David Cufré
Grupos económicos y familias tradicionales como B&B, Blaquier, Bullrich y Pueyrredón, entre otros, fueron los que introdujeron el modelo de agronegocios. Por qué se oponen a las retenciones.
.
Por David Cufré
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Parece difícil imaginar que el conflicto entre un sector del campo y el Gobierno pudiera haber alcanzado semejante magnitud si sólo expresara las reivindicaciones de pequeños chacareros al borde de la ruina. Antes de su alianza con la Sociedad Rural, Federación Agraria no consiguió jamás el espacio mediático y la incidencia política que exhibe en esta oportunidad. Cuando Eduardo Buzzi era integrante del Frenapo, la iniciativa de principios de década que exigía un subsidio universal para mitigar una pobreza creciente, no aparecía a diario en la televisión. A esta altura queda claro que no está peleando por la reforma agraria, ni siquiera por la vuelta de las juntas de granos y de carnes, sino por lo mismo que un actor social que históricamente sí consiguió los más variados apoyos políticos y una amplia difusión de sus ideas, al punto de que son dueños de diarios nacionales y provinciales, además de miles y miles de hectáreas.
El investigador de Flacso Eduardo Basualdo elaboró un informe que describe a ese sector económico de elite, nombre por nombre. Son los tradicionales dueños de la tierra. Los mismos que en la década pasada extendieron aún más sus propiedades sacando provecho de un modelo económico y una política agrícola que provocó la desaparición de más de 100 mil chacareros. En aquellos años hubiera resultado imposible la alianza entre ellos y la estrella del momento, Alfredo De Angeli, ya que en aquel tiempo no había cámaras para registrar los remates de campos que se producían a diario. De Angeli ahora dice que el secretario de Agricultura de los ’90, Felipe Solá, es quien más sabe de política agropecuaria.
Basualdo realizó su investigación centrándose en quienes poseen más de 20.000 hectáreas en la provincia de Buenos Aires. Y llegó a la conclusión de que siguen siendo los “actores decisivos” del campo argentino, incluso por sobre los pools de siembra. Son el verdadero poder del campo, en una economía donde la renta agraria volvió a prevalecer sobre otras actividades por los precios record de las materias primas. Las retenciones móviles se meten con esa renta extraordinaria. Esa es la razón profunda del conflicto. Lo demuestra el hecho de que los pequeños y medianos productores no pudieron hacerse oír cuando se fundían, sólo lo consiguen ahora que su reclamo coincide con el de ese segmento clave del establishment.
El mismo Buzzi reconoció el 16 de marzo en un reportaje con PáginaI12 que lo peor que les puede pasar en este momento a los pequeños productores es entregar su campo en alquiler, a valores inéditos, para convertirse en rentistas, una realidad muy alejada de aquella de los remates, cuando perdían la propiedad de la tierra.
En ese entonces, dice Basualdo, cinco grupos económicos y 35 grupos agropecuarios lograron ampliar sus dominios en el campo. Los primeros son Bunge & Born, Loma Negra (Amalia Lacroze de Fortabat), Bemberg, Werthein y el ingenio Ledesma (familia Blaquier). En total poseen 396.765 hectáreas en la provincia de Buenos Aires, lo que arroja un promedio de 79.353 hectáreas cada uno. La familia Bemberg, ex propietaria de Cervecería Quilmes, diversificó sus negocios en distintos rubros, pero se declara propietaria de 60.000 hectáreas en la provincia de Buenos Aires, otras 73.000 en Neuquén y 10.000 en Misiones. La característica común de esos grupos económicos es que construyeron sus imperios a partir de las ganancias surgidas de las actividades rurales.
Los grupos agropecuarios están constituidos mayormente por familias de la aristocracia, que dieron origen a la Sociedad Rural. Son 35, que reúnen un total de 1.564.091 hectáreas, a razón de 44.688 hectáreas cada una en promedio. Figuran las familias Gómez Alzaga, con 60.000 hectáreas, Anchorena, con 40.000, Balcarce, Larreta, Avellaneda, Duhau, Pereyra Iraola, Ballester, Zuberbühler, Vernet Basualdo, Pueyrredón, Bullrich, Udaondo, Ayerza, Colombo, Magliaro y Lanz, entre otras (ver listado aparte).
En total existen en la provincia de Buenos Aires 1294 propietarios con más de 2500 hectáreas. Son 799 los que tienen entre 2500 y 4999 hectáreas, 242 entre 5000 a 7499 hectáreas, 92 entre 7500 y 9999 hectáreas, 108 entre 10.000 y 19.999 hectáreas y 53 de 20.000 en adelante, incluidos los estados nacional y provincial. En conjunto, son dueños de 8,8 millones de hectáreas, algo más del 32 por ciento del total de la provincia.
Basualdo ubica como causa central del predominio dentro del campo argentino de los grandes propietarios de más de 20.000 hectáreas la posibilidad de aprovechar economías de escala. Fueron los que introdujeron el modelo de agronegocios imperante. Desde mediados de los ’90, explica, “se consolidan modificaciones tecnológicas y en el proceso de trabajo que tienen un efecto desigual en los productores de distinto tamaño, porque potencia las denominadas economías de escala. Es decir, hacen más pronunciada la reducción del costo por hectárea a medida que aumenta la superficie trabajada”. El investigador de Flacso sostiene que los pools de siembra imitaron el modelo que impusieron los grandes propietarios. Fueron éstos quienes lo consolidaron y perfeccionaron: “Primero con las privatizaciones, después con las semillas transgénicas y finalmente con la difusión de la siembra directa”, detalla.
Los grandes propietarios tienen un acceso diferenciado a los servicios privatizados, como los trenes de carga, señala Basualdo. Los sucesivos lockouts de las entidades ruralistas no fueron para cuestionar este esquema, sino en su defensa, expresado en el rechazo a las retenciones móviles. Los representantes de los verdaderos pequeños campesinos, dueños de una, cinco o diez hectáreas en la zona extrapampeana, no lograron repercusión pública para explicar los efectos de la sojización sobre sus producciones. Ellos sí se ven forzados a entregar sus tierras en provincias como Santiago del Estero, Formosa, Salta o Chaco, por la llegada de la soja. De ese espacio no logró emerger ningún De Angeli.
Parece difícil imaginar que el conflicto entre un sector del campo y el Gobierno pudiera haber alcanzado semejante magnitud si sólo expresara las reivindicaciones de pequeños chacareros al borde de la ruina. Antes de su alianza con la Sociedad Rural, Federación Agraria no consiguió jamás el espacio mediático y la incidencia política que exhibe en esta oportunidad. Cuando Eduardo Buzzi era integrante del Frenapo, la iniciativa de principios de década que exigía un subsidio universal para mitigar una pobreza creciente, no aparecía a diario en la televisión. A esta altura queda claro que no está peleando por la reforma agraria, ni siquiera por la vuelta de las juntas de granos y de carnes, sino por lo mismo que un actor social que históricamente sí consiguió los más variados apoyos políticos y una amplia difusión de sus ideas, al punto de que son dueños de diarios nacionales y provinciales, además de miles y miles de hectáreas.
El investigador de Flacso Eduardo Basualdo elaboró un informe que describe a ese sector económico de elite, nombre por nombre. Son los tradicionales dueños de la tierra. Los mismos que en la década pasada extendieron aún más sus propiedades sacando provecho de un modelo económico y una política agrícola que provocó la desaparición de más de 100 mil chacareros. En aquellos años hubiera resultado imposible la alianza entre ellos y la estrella del momento, Alfredo De Angeli, ya que en aquel tiempo no había cámaras para registrar los remates de campos que se producían a diario. De Angeli ahora dice que el secretario de Agricultura de los ’90, Felipe Solá, es quien más sabe de política agropecuaria.
Basualdo realizó su investigación centrándose en quienes poseen más de 20.000 hectáreas en la provincia de Buenos Aires. Y llegó a la conclusión de que siguen siendo los “actores decisivos” del campo argentino, incluso por sobre los pools de siembra. Son el verdadero poder del campo, en una economía donde la renta agraria volvió a prevalecer sobre otras actividades por los precios record de las materias primas. Las retenciones móviles se meten con esa renta extraordinaria. Esa es la razón profunda del conflicto. Lo demuestra el hecho de que los pequeños y medianos productores no pudieron hacerse oír cuando se fundían, sólo lo consiguen ahora que su reclamo coincide con el de ese segmento clave del establishment.
El mismo Buzzi reconoció el 16 de marzo en un reportaje con PáginaI12 que lo peor que les puede pasar en este momento a los pequeños productores es entregar su campo en alquiler, a valores inéditos, para convertirse en rentistas, una realidad muy alejada de aquella de los remates, cuando perdían la propiedad de la tierra.
En ese entonces, dice Basualdo, cinco grupos económicos y 35 grupos agropecuarios lograron ampliar sus dominios en el campo. Los primeros son Bunge & Born, Loma Negra (Amalia Lacroze de Fortabat), Bemberg, Werthein y el ingenio Ledesma (familia Blaquier). En total poseen 396.765 hectáreas en la provincia de Buenos Aires, lo que arroja un promedio de 79.353 hectáreas cada uno. La familia Bemberg, ex propietaria de Cervecería Quilmes, diversificó sus negocios en distintos rubros, pero se declara propietaria de 60.000 hectáreas en la provincia de Buenos Aires, otras 73.000 en Neuquén y 10.000 en Misiones. La característica común de esos grupos económicos es que construyeron sus imperios a partir de las ganancias surgidas de las actividades rurales.
Los grupos agropecuarios están constituidos mayormente por familias de la aristocracia, que dieron origen a la Sociedad Rural. Son 35, que reúnen un total de 1.564.091 hectáreas, a razón de 44.688 hectáreas cada una en promedio. Figuran las familias Gómez Alzaga, con 60.000 hectáreas, Anchorena, con 40.000, Balcarce, Larreta, Avellaneda, Duhau, Pereyra Iraola, Ballester, Zuberbühler, Vernet Basualdo, Pueyrredón, Bullrich, Udaondo, Ayerza, Colombo, Magliaro y Lanz, entre otras (ver listado aparte).
En total existen en la provincia de Buenos Aires 1294 propietarios con más de 2500 hectáreas. Son 799 los que tienen entre 2500 y 4999 hectáreas, 242 entre 5000 a 7499 hectáreas, 92 entre 7500 y 9999 hectáreas, 108 entre 10.000 y 19.999 hectáreas y 53 de 20.000 en adelante, incluidos los estados nacional y provincial. En conjunto, son dueños de 8,8 millones de hectáreas, algo más del 32 por ciento del total de la provincia.
Basualdo ubica como causa central del predominio dentro del campo argentino de los grandes propietarios de más de 20.000 hectáreas la posibilidad de aprovechar economías de escala. Fueron los que introdujeron el modelo de agronegocios imperante. Desde mediados de los ’90, explica, “se consolidan modificaciones tecnológicas y en el proceso de trabajo que tienen un efecto desigual en los productores de distinto tamaño, porque potencia las denominadas economías de escala. Es decir, hacen más pronunciada la reducción del costo por hectárea a medida que aumenta la superficie trabajada”. El investigador de Flacso sostiene que los pools de siembra imitaron el modelo que impusieron los grandes propietarios. Fueron éstos quienes lo consolidaron y perfeccionaron: “Primero con las privatizaciones, después con las semillas transgénicas y finalmente con la difusión de la siembra directa”, detalla.
Los grandes propietarios tienen un acceso diferenciado a los servicios privatizados, como los trenes de carga, señala Basualdo. Los sucesivos lockouts de las entidades ruralistas no fueron para cuestionar este esquema, sino en su defensa, expresado en el rechazo a las retenciones móviles. Los representantes de los verdaderos pequeños campesinos, dueños de una, cinco o diez hectáreas en la zona extrapampeana, no lograron repercusión pública para explicar los efectos de la sojización sobre sus producciones. Ellos sí se ven forzados a entregar sus tierras en provincias como Santiago del Estero, Formosa, Salta o Chaco, por la llegada de la soja. De ese espacio no logró emerger ningún De Angeli.
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SUBNOTAS
Los 35 más grandes
Los 35 más grandes
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Página/12 Web - Argentina/13/07/2008
ESCARBANDO,,,LQ somos
Argentina.
Trivial mascarada de medios, mediáticos y mediocres
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Al inicio del conflicto entre el gobierno de Cristina Kirchner y cuatro entidades del agro, un grupo de interés económico que prontamente concentrara a toda la oposición desplegó una inusitada solidaridad de los medios de información con ‘la gente del campo’. Esa adhesión a uno de los grupos en pugna, nombrado como ‘el campo’ y a impulsos ‘la gente’, dinamizó una falta de objetividad entre los fabricantes de opinión de mayor alcance popular que hizo de cada radio y televisora una parte decisiva de la cuestión. Esa falta de rigor y al ir creciendo la participación de cada corporación informativa fue mostrando su entretela, ocultando y falseando los argumentos del gobierno para aumentar las retenciones a la exportación de algunos productos agropecuarios. Que la medida por inconsulta y falta de tiempo y distancia fuera políticamente calamitosa, es indudable, pero eso no deslegitima el derecho jurídico del gobierno constitucional de tomar la resolución de gravar las ganancias extraordinarias que producirán los aumentos de precios internacionales de los alimentos, y mucho menos aplaudir las réplicas delictivas de la Sociedad Rural, Coninagro y la Federación Agraria al quemar tierras, cortar rutas y provocar desabastecimientos a la población. De lo que se jactaron sus voceros en cámara; ‘demostramos que podemos desabastecer’, dijo uno de Federación Agraria, y al amenazar y concretar el golpe inflacionario que más cruelmente perjudica al pobrerío de más baja condición. Y será también memorable la protesta de la Sociedad Rural Argentina contra la 'represión', acaso queriendo redimir la reverencia hecha al sedicioso militar Ongania cuando los visitara en 1966 sobre un Landó. O carruaje parecido también decadente. Más que despropósitos una verdadera hijadeputez escamoteada por lo medios que alegremente festejaron los desbordes de ‘sufridos hombres del campo’ contra el mismo cimiento de la convivencia. Una patética parcialidad que algunos atribuyen al probable cambio de la Ley de Radiodifusión que limitaría los monopolios al sumar nuevos participantes al mercado, vaya uno a saber, pero tanta parcialidad degradante fue anunciada en un corte de ruta inicial cuando un orador impiadoso deschavara ‘y sepa el gobierno que nos apoyan los intelectuales y las intelectualas de la radio y la tele’, certero hallazgo verbal que el dirigente entrerriano luego no repitiera. Esa aseveración no sería atendible por divertida pero sí por la tarea que los noticieros y noticieras cumplieron con una fidelidad patríotica, fuera de cargosas impurezas idiomáticas y en este asunto sin mencionar jamás el descomunal negocio financiero que hacen en Argentina los pooles de siembra, son simples empleados de los medios que al ganar mucho dinero se creen irrebatibles intelectuales de tanto peso como Marx, Nietzche, Sastre y los oradores de la rutas… En verdad, como el gentío no les discute y sí los envidia, estos tilingos se equivocan de rol: suponen ser Chaplin siendo sólo el que barre el cine: el Poder económico acciona según elige el uso de las armas y de las comunicaciones, - esa categórica trilogía mandante- y ningún Medio a su servicio sostiene una opinión que modifique la finalidad del capital empresario. Entonces, si al Medio le conviene dispone la exhibición de Mediocres (¿y mediocras?) que sin ningún rigor y en esa dirección opina y dispone sobre lo que venga; constituciones nacionales, ley de enfiteusis, economías galácticas, los buenos o malos, y un diario tradicional nominó al religioso que arbitraría en la diferencia económica. Pero claro, por eso les pagan.
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LQSomos. Eduardo Pérsico. Junio de 2008
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LQSomos/13/07/2008
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Rebelión/13/07/2008
12/7/08
Carta Abierta de intelectuales y artistas
Personalidades vinculadas con la cultura, la educación, el periodismo las ciencias, el cine, las artes, la poesía y la literatura, presentaron un espacio "En defensa de un gobierno democrático popular amenazado, preservando la libertad de crítica".
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Carta Abierta / 1
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Como en otras circunstancias de nuestra crónica contemporánea, hoy asistimos en nuestro país a una dura confrontación entre sectores económicos, políticos e ideológicos históricamente dominantes y un gobierno democrático que intenta determinadas reformas en la distribución de la renta y estrategias de intervención en la economía. La oposición a las retenciones –comprensible objeto de litigio– dio lugar a alianzas que llegaron a enarbolar la amenaza del hambre para el resto de la sociedad y agitaron cuestionamientos hacia el derecho y el poder político constitucional que tiene el gobierno de Cristina Fernández para efectivizar sus programas de acción, a cuatro meses de ser elegido por la mayoría de la sociedad. Un clima destituyente se ha instalado, que ha sido considerado con la categoría de golpismo. No, quizás, en el sentido más clásico del aliento a alguna forma más o menos violenta de interrupción del orden institucional. Pero no hay duda de que muchos de los argumentos que se oyeron en estas semanas tienen parecidos ostensibles con los que en el pasado justificaron ese tipo de intervenciones, y sobre todo un muy reconocible desprecio por la legitimidad gubernamental.
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Esta atmósfera política, que trasciende el “tema del agro”, ha movilizado a integrantes de los mundos políticos e intelectuales, preocupados por la suerte de una democracia a la que aquellos sectores buscan limitar y domesticar. La inquietud es compartida por franjas heterogéneas de la sociedad que más allá de acuerdos y desacuerdos con las decisiones del Gobierno consideran que, en los últimos años, se volvieron a abrir los canales de lo político. No ya entendido desde las lógicas de la pura gestión y de saberes tecnocráticos al servicio del mercado, sino como escenario del debate de ideas y de la confrontación entre modelos distintos de país. Y, fundamentalmente, reabriendo la relación entre política, Estado, democracia y conflicto como núcleo de una sociedad que desea avanzar hacia horizontes de más justicia y mayor equidad.
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Desde 2003 las políticas gubernamentales incluyeron un debate que involucra a la historia, a la persistencia en nosotros del pasado y sus relaciones con los giros y actitudes del presente.
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Un debate por las herencias y las biografías económicas, sociales, culturales y militantes que tiene como uno de sus puntos centrales la cuestión de la memoria articulada en la política de derechos humanos y que transita las tensiones y conflictos de la experiencia histórica, indesligable de los modos de posicionarse comprensivamente delante de cada problema que hoy está en juego.
Un debate por las herencias y las biografías económicas, sociales, culturales y militantes que tiene como uno de sus puntos centrales la cuestión de la memoria articulada en la política de derechos humanos y que transita las tensiones y conflictos de la experiencia histórica, indesligable de los modos de posicionarse comprensivamente delante de cada problema que hoy está en juego.
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En la actual confrontación alrededor de la política de retenciones jugaron y juegan un papel fundamental los medios masivos de comunicación más concentrados, tanto audiovisuales como gráficos, de altísimos alcances de audiencia, que estructuran diariamente “la realidad” de los hechos, que generan «el sentido» y las interpretaciones y definen “la verdad” sobre actores sociales y políticos desde variables interesadas que exceden la pura búsqueda de impacto y el rating. Medios que gestan la distorsión de lo que ocurre, difunden el prejuicio y el racismo más silvestre y espontáneo, sin la responsabilidad por explicar, por informar adecuadamente ni por reflexionar con ponderación las mismas circunstancias conflictivas y críticas sobre las que operan.
En la actual confrontación alrededor de la política de retenciones jugaron y juegan un papel fundamental los medios masivos de comunicación más concentrados, tanto audiovisuales como gráficos, de altísimos alcances de audiencia, que estructuran diariamente “la realidad” de los hechos, que generan «el sentido» y las interpretaciones y definen “la verdad” sobre actores sociales y políticos desde variables interesadas que exceden la pura búsqueda de impacto y el rating. Medios que gestan la distorsión de lo que ocurre, difunden el prejuicio y el racismo más silvestre y espontáneo, sin la responsabilidad por explicar, por informar adecuadamente ni por reflexionar con ponderación las mismas circunstancias conflictivas y críticas sobre las que operan.
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Esta práctica de auténtica barbarie política diaria, de desinformación y discriminación, consiste en la gestación permanente de mensajes conformadores de una conciencia colectiva reactiva.
Esta práctica de auténtica barbarie política diaria, de desinformación y discriminación, consiste en la gestación permanente de mensajes conformadores de una conciencia colectiva reactiva.
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Privatizan las conciencias con un sentido común ciego, iletrado, impresionista, inmediatista, parcial. Alimentan una opinión pública de perfil antipolítica, desacreditadora de un Estado democráticamente interventor en la lucha de intereses sociales. La reacción de los grandes medios ante el Observatorio de la discriminación en radio y televisión muestra a las claras un desprecio fundamental por el debate público y la efectiva libertad de información. Se ha visto amenaza totalitaria allí donde la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA llamaba a un trato respetuoso y equilibrado del conflicto social.
Privatizan las conciencias con un sentido común ciego, iletrado, impresionista, inmediatista, parcial. Alimentan una opinión pública de perfil antipolítica, desacreditadora de un Estado democráticamente interventor en la lucha de intereses sociales. La reacción de los grandes medios ante el Observatorio de la discriminación en radio y televisión muestra a las claras un desprecio fundamental por el debate público y la efectiva libertad de información. Se ha visto amenaza totalitaria allí donde la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA llamaba a un trato respetuoso y equilibrado del conflicto social.
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En este nuevo escenario político resulta imprescindible tomar conciencia no sólo de la preponderancia que adquiere la dimensión comunicacional y periodística en su acción diaria, sino también de la importancia de librar, en sentido plenamente político en su amplitud, una batalla cultural al respecto. Tomar conciencia de nuestro lugar en esta contienda desde las ciencias, la política, el arte, la información, la literatura, la acción social, los derechos humanos, los problemas de género, oponiendo a los poderes de la dominación la pluralidad de un espacio político intelectual lúcido en sus argumentos democráticos.
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Se trata de una recuperación de la palabra crítica en todos los planos de las prácticas y en el interior de una escena social dominada por la retórica de los medios de comunicación y la derecha ideológica de mercado. De la recuperación de una palabra crítica que comprenda la dimensión de los conflictos nacionales y latinoamericanos, que señale las contradicciones centrales que están en juego, pero sobre todo que crea imprescindible volver a articular una relación entre mundos intelectuales y sociales con la realidad política. Es necesario crear nuevos lenguajes, abrir los espacios de actuación y de interpelación indispensables, discutir y participar en la lenta constitución de un nuevo y complejo sujeto político popular, a partir de concretas rupturas con el modelo neoliberal de país. La relación entre la realidad política y el mundo intelectual no ha sido especialmente alentada desde el gobierno nacional y las políticas estatales no han considerado la importancia, complejidad y carácter político que tiene la producción cultural.
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En una situación global de creciente autonomía de los actores del proceso de producción de símbolos sociales, ideas e ideologías, se producen abusivas lógicas massmediáticas que redefinen todos los aspectos de la vida social, así como las operaciones de las estéticas de masas reconvirtiendo y sojuzgando los mundos de lo social, de lo político, del arte, de los saberes y conocimientos. Son sociedades cuya complejidad política y cultural exige, en la defensa de posturas, creencias y proyectos democráticos y populares, una decisiva intervención intelectual, comunicacional, informativa y estética en el plano de los imaginarios sociales.
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Esta problemática es decisiva no sólo en nuestro país, sino en el actual Brasil de Lula, en la Bolivia de Evo Morales, en el Ecuador de Correa, en la Venezuela de Chávez, en el Chile de Bachelet, donde abundan documentos, estudios y evidencias sobre el papel determinante que asume la contienda cultural y comunicativa y las denuncias contra los medios en manos de los grupos de mercado más concentrados. Es también en esta confrontación, que se extiende al campo de la lucha sobre las narraciones acerca de las historias latinoamericanas, donde hoy se está jugando la suerte futura de varios gobiernos que son jaqueados y deslegitimados por sus no alineamientos económicos con las recetas hegemónicas y por sus «desobediencias» políticas con respecto a lo que propone Estados Unidos.
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Reconociendo los inesperados giros de las confrontaciones que vienen sucediéndose en esta excepcional edad democrática y popular de América latina desde comienzos de siglo XXI, vemos entonces la significación que adquiere la reflexión crítica en relación con las vicisitudes entre Estado, sociedad y mercado globalizado. Uno de los puntos débiles de los gobiernos latinoamericanos, incluido el de Cristina Fernández, es que no asumen la urgente tarea de construir una política a la altura de los desafíos diarios de esta época, que tenga como horizonte lo político emancipatorio.
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Porque no se trata de proponer un giro de precisión académica a los problemas, sino de una exigencia de pasaje a la política, en un tiempo argentino en el que se vuelven a discutir cuestiones esenciales que atraviesan nuestras prácticas. Pasaje hacia la política que nos confronta con las dimensiones de la justicia, la igualdad, la democratización social y la producción de nuevas formas simbólicas que sean capaces de expresar las transformaciones de la época. En este sentido es que visualizamos la originalidad de lo que está ocurriendo en América latina (más allá de las diferencias que existen entre los distintos proyectos nacionales) y los peligros a los que nos enfrentamos, peligros claramente restauracionistas de una lógica neoliberal hegemónica durante los años noventa.
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Teniendo en cuenta esta escena de nuestra actualidad, nuestro propósito es aportar a una fuerte intervención política –donde el campo intelectual, informativo, científico, artístico y político juega un rol de decisiva importancia– en el sentido de una democratización, profundización y renovación del campo de los grandes debates públicos. Estratégicamente se trata de sumar formas políticas que ayuden a fecundar una forma más amplia y participativa de debatir.
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Nos interesa pues encontrar alternativas emancipadoras en los lenguajes, en las formas de organización, en los modos de intervención en lo social desde el Estado y desde el llano, alternativas que puedan confrontar con las apetencias de los poderes conservadores y reactivos que resisten todo cambio real. Pero también que pueda discutir y proponer opciones conducentes con respecto a los no siempre felices modos de construcción política del propio gobierno democrático: a las ausencias de mediaciones imprescindibles, a las soledades enunciativas, a las políticas definidas sin la conveniente y necesaria participación de los ciudadanos. Una nueva época democrática, nacional y popular es una realidad de conflictos cotidianos, y precisa desplegar las voces en un vasto campo de lucha, confiar, alentar e interactuar.
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En este sentido, sentimos que las carencias que muchas veces muestra el Gobierno para enfocar y comprender los vínculos, indispensables, con campos sociales que no se componen exclusivamente por aquellos sectores a los que está acostumbrado a interpelar, no posibilitan generar una dinámica de encuentro y diálogo recreador de lo democrático-popular. Creemos indispensable señalar los límites y retrasos del Gobierno en aplicar políticas redistributivas de clara reforma social. Pero al mismo tiempo reconocemos y destacamos su indiscutible responsabilidad y firmeza al instalar tales cuestiones redistributivas como núcleo de los debates y de la acción política desde el poder real que ejerce y conduce al país (no desde la mera teoría), situando tal tema como centro neurálgico del conflicto contra sectores concentrados del poder económico.
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Todo lo expresado y resumido da pie a la necesidad de creación de un espacio político plural de debate que nos reúna y nos permita actuar colectivamente. Experiencia que se instituye como espacio de intercambio de ideas, tareas y proyectos, que aspira a formas concretas de encuentro, de reflexión, organización y acción democrática con el Gobierno y con organizaciones populares para trabajar mancomunadamente, sin perder como espacio autonomía ni identidad propia. Un espacio signado por la urgencia de la coyuntura, la vocación por la política y la perseverante pregunta por los modos contemporáneos de la emancipación.
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Carta Abierta / 2
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Por una nueva redistribución del espacio de las comunicaciones
La sustitución de la vigente Ley de Radiodifusión, anacrónica y reaccionaria, establecida por la dictadura militar en 1980, por un nuevo marco jurídico acorde con los tiempos y a la institucionalidad democrática, es hoy un horizonte tangible, más de lo que nunca fue desde diciembre de 1983. Pero la experiencia de los argentinos en estos veinticinco años que van de gobiernos constitucionalmente elegidos también indica que los proyectos de ley que hoy se están escribiendo pueden eventualmente ir a parar al mismo cajón al que fueron los treinta y siete proyectos que alcanzaron estado parlamentario en este lapso, incluidos dos propuestos por el Poder Ejecutivo, empantanados todos ellos entre las presiones corporativas y la triste ausencia de decisión política gubernamental.
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En la relación entre la eventual sanción de una nueva ley y el momento que vive el país puede advertirse una característica doble. Por una parte, la crítica coyuntura desatada a partir de la puja que inició el empresariado rural hace casi tres meses nos entrega ahora la visión del abismo, y toda cuestión que se interponga parece destinada a una consideración adecuada, en ese marco, sólo cuando se haya ya diluido este azoro en el que los argentinos nos encontramos sumidos. A la vez, ha sido precisamente este mismo conflicto, la textura de su día a día, el gran responsable de exponer en toda su crudeza la carnadura concreta del poder desplegado por el sistema mediático, el mismo que en tantas ocasiones supo recitarse sin mayor convicción.
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No hace falta referirse a los lugares ya comunes acerca del tratamiento marcadamente desigual para cada uno de los muchos actores de la escena, o a la permanente sobredramatización de acontecimientos conexos al conflicto, tales como el desabastecimiento, los intentos de corrida contra el peso, la crisis económica, etc. Tal vez quepa, en cambio, llamar la atención sobre cuestiones más elementales y más graves, tan instaladas que cuesta distanciarse de ellas para retomarlas en su justa dimensión, tales como el bautismo con una intención mítica bucólica de "el campo" para lo que es un sector de productores en busca de mayor rentabilidad, o la descripción permanente del conflicto como entre "dos sectores" equivalentes, o ¿más curioso aún? el borramiento radical de todos los reclamos por la calidad institucional que hasta días antes bañaban los medios cuando quienes deterioran de manera ostensible esa calidad institucional reclamada son otros que el mismo gobierno. Cada uno de estos casi imperceptibles dispositivos resulta mucho más distorsivo para la vida político-cultural del país que, incluso, los gestos de discriminación social, visibles y groseros
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No se trata de imaginar conspiraciones ni tampoco de pensar de modo simplificador y añejo en el poder mecánico de los mensajes massmediáticos. Pero se trata, sí, de reconocer en los medios masivos a los operadores privilegiados del modo en el que se articulan y escanden discursos de amplia circulación social. Pero no discursos cualesquiera. Porque se trata de reconocer, en fin, su capacidad para recoger, organizar y devolver legitimadas, en especial, las formas más maniqueas, más silvestres y más ansiógenas del propio sentido común de las capas medias y sus elementales fantasmas. Esta es la lógica de los medios masivos y, en particular, de los audiovisuales. Ellos repiten el latiguillo de que entregan al público lo que el público quiere. Pero omiten que esa supuesta demanda es el resultado de una construcción que explota y abusa comercialmente, mediante el exhibicionismo, la banalización, la tragedia o el escándalo fáciles los peores resortes de cualquier audiencia. No hay conspiraciones, vale insistir. Simplemente se llama búsqueda del lucro en el capitalismo avanzado. O más sencillamente "marketing".
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Este fenómeno no es una exclusividad argentina. Por el contrario. Pero lo que sí constituye parte de un casi privilegio nacional (hay otros países en América latina que comparten ese privilegio) es el triple dato de: (a) la extraordinaria concentración de las empresas que disputan el mercado de la comunicación, (b) la debilidad, por no decir casi inexistencia, de un sistema de medios estatal/cultural y de uno comunitario, y (c) el vacío normativo en el que se desenvuelven, vista la inoperancia y la caducidad de facto de la Ley de Radiodifusión de 1980.
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Para entender el grado paleolítico en el que nos movemos, baste observar las líneas aplicadas en la materia en el marco de la Unión Europea o en Canadá, entre muchos otros países "serios", así como las directrices políticas para abordar el futuro tecnológico en cuestiones como protección a la diversidad, mandatos de desconcentración y fortalecimiento de medios públicos. El caso de la reformulación de Radio Televisión Española es otra muestra en este sentido.
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Estos ejemplos de regulación estatal no indican limitaciones a la sacrosanta "libertad de prensa". Nadie, en esos países, lo asume de semejante modo, ni los propios grandes medios de comunicación. Y ello es un cuarto rasgo de la especificidad argentina: el más mínimo gesto de parte de cualquier institución de la sociedad que se vuelve sobre los medios alcanza para que su tarea sea veloz y cómoda y mezquinamente denunciada como una amenaza a la libertad de expresión. Incluso los poco conducentes ¿pero de moda? "observatorios" que desde hace algunos años pululan por doquier. Y hasta se dan el lujo de reclamarle a la universidad pública, en nombre del resguardo de esa mal entendida libertad de expresión, que no opine públicamente sobre la situación del periodismo.
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Es que las empresas mediáticas se han erigido en los auténticos representantes del pueblo, bajo la excusa de la evidente crisis de fondo que padecen los partidos políticos en Argentina (como en buena parte de Occidente). Es un pretexto engañoso: en su ejercicio, los grandes medios coadyuvan a la agonía de las organizaciones partidarias a cuya suplencia, supuestamente, concurren solidarios. El mecanismo es simple: los grandes medios dicen darles espacio a todas las voces (a todas las voces que invitan, claro), y por carácter transitivo aparecen como depositarios de la soberanía. Desde tan inmaculado lugar, juzgan a gobiernos, a parlamentos, a jueces, absorben la sabiduría de los expertos y las emociones de los sufrientes, diseñan los sueños de la audiencia sin pretensiones para luego acompañarla y premiarla, denuncian delitos, testimonian crímenes, editorializan sobre cualquier sector, compran o fabrican prestigios para más tarde re-venderlos, mientras recurren a los golpes fáciles y a la repetición infinita de sí mismos para lidiar en el mercado del rating y concluir presumiendo que, a ellos, "la gente los elige todos los días" en una suerte de comicios "más directos" que aquellos donde concurren cada dos años las fuerzas partidarias y la ciudadanía. Pero guay que a alguien se le ocurra señalar que también entre ellos, los grandes medios erigidos en jueces supremos, hay, por ejemplo, corrupción, venta de servicios informativos y simbólicos al mejor postor o intereses espurios. En ese instante las pugnas por el rating se suspenden, la corporación cierra sus filas y hasta las voces de los grandes medios europeos o norteamericanos acuden en su ayuda. Es que ¿cómo habrían de ser falibles si apenas se dedican a testimoniar "objetivamente" lo que ocurre? Y la falacia se cierra sobre sí misma.
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Todos los gobiernos de las últimas décadas han optado por negociar el apoyo de esta corporación antes que meterse en el sin embargo impostergable desafío de plantear reglas que deberían ser casi obvias, referidas a la actividad de estas instituciones, tan pasibles del sometimiento a normas elementales como cualquier hijo de vecino. Por ello es que el propósito expreso del gobierno de Cristina Fernández de sancionar un nuevo marco jurídico constituye una circunstancia de excepcional importancia y de un alcance político-cultural mucho mayor que las alícuotas de las retenciones sobre la exportación agropecuaria.
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Porque el espacio que instituyen los medios masivos, a través de sus pantallas y de sus sintonías, de sus páginas impresas o de sus sitios web, es un espacio social, y más aún, un espacio público que, por ende, pertenece a todos y al que todos, o al menos muchos más que ahora, deberían poder acceder para transitar por él con relativa libertad. Un espacio público que, salvadas todas las obvias distancias, no debería merecer un trato sustancialmente distinto al que merecen otros espacios públicos, donde sería inadmisible que una corporación privada, con reglas establecidas por un complejo armado de contratos poco o nada transparentes entre particulares, terminara definiendo quién pasa y quién no, qué palabra vale y cuál no, qué representación de los problemas sociales resulta válida para ser puesta en circulación y cuál no.
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Por esto entendemos imprescindible:
- Garantizar el pluralismo, la diversidad y el derecho a la información y la comunicación como derecho humano.
- Poner límites a la concentración, los oligopolios y los monopolios porque afectan a la democracia y restringen la libertad de expresión.
- Establecer claramente el rol del Estado como regulador, árbitro y emisor de características públicas y no gubernamentales.
- Proteger las producciones locales y nacionales como única vía de garantizar la multiplicidad de voces.
- Garantizar la existencia de tres franjas de radiodifusores: privados con y sin fines de lucro (entre estos últimos incluidos los comunitarios) y estatales.
- Adoptar los mecanismos para que el acceso a las señales de radiodifusión no sea un derecho meramente declamativo, no sólo por la cantidad de medios que cubran el territorio nacional, sino también por el manejo de exclusividades en derechos de exhibición de contenidos de evidente interés público y repercusión social.
- Prever que las organizaciones sociales así como las provincias y las universidades tengan participación en las instancias de decisión de las autoridades en la materia, así como que los mecanismos de asignación sean transparentes y sujetos al escrutinio público.
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Los puntos que se proponen están destinados a que la actividad de los medios electrónicos en la Argentina responda a parámetros de normalidad en el mundo que nos toca y que se compadezca con estándares de libertad de expresión reconocidos en los ámbitos de las organizaciones supranacionales de derechos humanos. No son para nada circunstancias que se puedan entender como limitativas de la libertad de nadie, en tanto nadie suponga que en nombre de su propia libertad tenga posibilidad de impedir que otros se integren al ejercicio de la que disfruta.
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De lo que se trata, en palabras cortas, es de hacer llegar la democracia hasta el territorio de la comunicación y redistribuir el derecho a la palabra comunitaria (capital tan importante como cualquier otro), asignaturas ambas pendientes cuando menos desde 1983.
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Restituir el espacio mediático a su auténtica condición de espacio público supone un acto del más estricto credo liberal, comparable al establecimiento de la libertad de cultos religiosos, radicalmente acorde a la defensa básica de la libertad de expresión y de la expansión de los derechos humanos de nuestro tiempo. Es tanta la fuerza inercial del actual modelo corporativo (que, dicho con rigor y pese a sus declamaciones, es profundamente antiliberal) que intentar esta restitución promete convertirse en una auténtica gesta emancipatoria que requerirá de todos los apoyos que puedan ofrecerse. La verdadera libertad de prensa es el progresivo objetivo a lograr con una nueva legislación sobre comunicación social y sobre participación y derechos ciudadanos, frente a la falacia de la "libertad de prensa" reducida al juego de los grandes capitales e intereses políticos mediáticos.
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Dirán algunos, y con razón, que este mismo gobierno (o su predecesor inmediato) es el mismo que durante cinco años ha autorizado y favorecido el aumento de la concentración (por ejemplo, la autorización de la operación conjunta de Cablevisión y Multicanal y su posterior solicitud de fusión) o ha concedido inconcebibles y graciosas suspensiones de cómputo de diez años en los plazos de licencias a los titulares de concesiones televisivas, radiales y de cable, violentando la ley, la sensatez, la lógica del calendario y el criterio democrático; ha ignorado la justa petición de cumplimiento de 21 puntos a favor de la democracia comunicacional, suscripta por un centenar de organizaciones profesionales y de derechos humanos, y ha ofrecido una y otra vez la vista gorda a cambio de apoyos tácticos. Todo ello es cierto. Pero cabe ahora abrir un cuidadoso crédito a la esperanza, y de pleno apoyo. El gobierno nacional se ha comprometido públicamente a dar un decisivo paso adelante en esta materia. Nada garantiza que cinco minutos antes de la hora no opte por una legislación lavada, que deje sustancialmente las cosas como están, con algunos retoques técnicos. Pero lo cierto es que nunca como en la actual coyuntura el problema comunicacional se ha debatido tanto, y tan coincidentemente en apoyo de una nueva legislación democratizadora: en el propio gobierno, en poderes provinciales y municipales, en foros, universidades, sindicatos, movimientos sociales, agrupaciones políticas, mundos académicos, espacios artísticos y literarios, organizaciones no gubernamentales, grupos feministas, experiencias comunitarias y en el propio sector de los periodistas y trabajadores de la información. Con ese respaldo de conciencia política se cuenta. Existen circunstancias en la vida de una nación en que los dirigentes comprenden la pequeñez del puro cortoplacismo. Ojalá ésta sea una de ellas. Cultural y políticamente la sociedad se merece otra lógica, otra libertad y otras voces que se sumen al diálogo cotidiano sobre qué país se quiere y se enuncia. Es una época la que está a la espera de los actores que la merezcan.
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Abierta / 3
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La nueva derecha en la Argentina
¿Cómo se puede reclamar la nacionalización del petróleo cuando la lucha que se despliega es contra una medida progresiva de índole impositiva? ¿Cómo se puede llamar a la lucha contra la pobreza con aliados que expresan las capas más tradicionales de las clases dominantes? Algo ha sucedido en los vínculos entre las palabras y los hechos: un disloque. Los símbolos han quedado librados a nuevas capturas, a articulaciones contradictorias, a emergencias inadecuadas. Ningún actor político puede declararse eximido de haber contribuido a esa separación. Las situaciones críticas obligan a preguntarse qué palabras le corresponden a los nuevos hechos. Entre las batallas pendientes en la cultura y la política argentina, está la de nombrar lo que ocurre con actos fundados en una lengua crítica y sustentable. Sin embargo, hoy las palabras heredadas suelen pronunciarse como un acto de confiscación. Cualquier cosa que ahora se diga vacila en aportar pruebas de su enraizamiento en expectativas sociales reales. Parece haber triunfado la “operación” sobre la obra, el parloteo sobre el lenguaje.
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“Clima destituyente” hemos dicho para nombrar los embates generalizados contra formas legítimas de la política gubernamental y contra las investiduras de todo tipo. Una mezcla de irresponsabilidad y de milenarismo de ocasión sustituyó la confianza colectiva. “Nueva derecha” decimos ahora. Lo decimos para nombrar una serie de posiciones que se caracterizan por pensarse contra la política y contra sus derechos de ser otra cosa que gestión y administración de los poderes existentes. Una derecha que reclama eficiencia y no ideología, que alega más gestión que valores –y puede coquetear con todo valor-, que invoca la defensa de las jerarquías existentes aunque se inviste miméticamente de formas y procedimientos asamblearios y voces sacadas de las napas prestigiosas de las militancias de ciclos anteriores. Esa derecha impugna la política como gasto superfluo y como enmascaramiento, pero es cierto que la impugna con más dureza cuando la política pretende intervenir sobre la trama social. Tiene distintas inflexiones: desde la ilusoria eficiencia empresarial del macrismo hasta el intercambio directo de dones y rentas imaginado en Gualeguaychú, sin Estado ni partidos, solo con golpes de transparecia contra lo que llaman obstáculos.
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Transparencia social imposible, como no sea bajo un régimen cohercitivo, que expresa su desprecio hacia la política como capacidad transformadora, como intervención activa sobre la vida en común. De ese vaciamiento son responsables, también, los profesionales de la política que priorizaron sus propios intereses mientras sostenían un discurso de lo público. Demasiado tiempo vino degradándose el lenguaje político como para que no surgieran mesianismos vicarios y vaticinios salvadores que en vez de redimir el conocimiento político son el complemento milenarista del espontaneísmo soez. La nueva derecha viene a decir que eso no está mal y que se debe llevar a sus últimas consecuencias, disolviendo la instancia misma de la política. Es fundamentalmente destituyente: vacía a los acontecimientos de sentido, a los hechos de su historicidad, a la vida de sus memorias. Por eso, atraviesa fronteras para buscar terminologías en sus antípodas. Es una nueva derecha porque a diferencia de las antiguas derechas, no es literal con su propio legado, sino que puede recubrirse, mimética, con las consignas de la movilización social.
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La nueva derecha puede agitar florilegios de izquierdas recreadas a último momento como préstamo de urgencia o anunciar compromisos caros a las luchas sociales de la historia nacional, sea Grito de Alcorta, sea la gesta de Paso de los Libres en 1933, sean las asambleas del 2001. Es una nueva derecha veteada de retazos perdidos pero no olvidados de antiguas lenguas movilizadoras. Condena el vínculo vivo de las personas y las sociedades con el pasado, llamando a un ilusorio puro presente que podría desprenderse de esas capas anteriores. Lo hace, incluso, cuando trae símbolos de ese pasado sujetándolos a relaciones que los niegan o vacían. Cita al pasado como una efemérides al paso. Será jauretcheana si cuadra, aplaudirá a Madres de Plaza de Mayo si lo ve oportuno, dirá que adhiere a Evo Morales si se la apura, y no le faltará impulso para aludir a los mayos y los octubres de la historia. Mimetismo bendecido, tolerado: es la nueva derecha que ensaya el lenguaje total de la movilización con palabras prestadas. Procede por expurgación y despojo: restándole a la realidad algunas de las capas que la constituyen y presentando en una supuesta lisura la vida en común. En ella no hay espesor, diferencias, desigualdades, violencias ni explotación; ella habla del “campo” trazándonos un dibujo bucólico de pioneros esforzados de la misma manera que considera la pobreza y el hambre como desgracias naturales o como penurias redescubiertas para sostener una mala conciencia de escuderos novedosos de los poderes agrarios tradicionales.
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En la nueva derecha reina lo abstracto pero con la lengua presunta de lo concreto: precisamente la que hablan los medios de comunicación. A la trama moral de las acciones la tornan escándalo moral, denuncismo de sabuesos que dejan saber que las sospechas generalizadas sobre la vida política son instrumentos que pueden sustituir un pensar real. En ella se trata de reivindicar la honestidad de los ciudadanos-consumidores, su espontaneidad expresiva ante las manipulaciones de la vieja política; transparentar es su grito, mostrar un supuesto lenguaje sin espesura es su lema. Sin obstáculos, sin pliegues. Sus lenguajes apuntan a vaciar de contenido historias y memorias de la misma manera que buscan desmontar cualquier relación entre universo reflexivo-crítico y política transformadora. Devastación del mundo de la palabra en nombre de la brutalización massmediática; simplificación de la escena cultural de acuerdo a la continua mutilación de la densidad de los conflictos sociales y políticos.
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La nueva derecha es ahora un conjunto de procedimientos y de prácticas que se difunden peligrosamente en las más diversas alternativas políticas. La aceptación de que la escena la construyen los medios de comunicación lleva a un tipo de intervención pública tan respetuosa de ese poder como sumisa respecto de las palabras hegemónicas. Hace tiempo que los estilos comunicaciones habituales recurren al intercambio de denuncias como una cifra moral, que parece menos un proyecto compartible de refundar la política en la autoconciencia pública emancipada que en la circulación de un nuevo “dinero” basado en un control de la política por la vía de un moralismo del ciudadano atrincherado, temeroso, ausente de los grandes panoramas históricos. Moralismo de estrechez domiciliaria, pertechada, víctima de miedos construídos y de oscuros deseos de resarcimiento. Es un viaje que parece no tener retorno hacia la espectacularización de una conciencia difusa de represalia. Es un recelo que va quedando despojado de contenidos, como no sean los parapetos medrosos de un pensamienteo consignatario. Todo lo que implica la misma incapacidad para descubrir que lo que llaman “opinión pública”, que en ciertos momentos de la historia, es un acatamiento a lo que habla por ella más de lo que ella balbucea de sí misma.
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La nueva derecha se inviste con el ropaje de la racionalidad ciudadana, adopta los giros de lenguaje y los deseos más significativos de una opinión colectiva sin la libertad última para ver que encarna los miedos de una época despótica y violenta. Un intenso intercambio simbólico viene a sellar así la alianza entre la nueva derecha, los medios de comunicación hegemónicos y el “sentido común” más ramplón que atraviesa a vastos estratos de las capas medias urbanas y rurales del que tampoco es ajeno un mundo popular permanentemente hostigado por esas discursividades dominantes.
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Lo que sucede en Bolivia, quizás el escenario más complejo de la región, debe alertarnos. No porque sean equivalentes los fenómenos sociales y políticos, sino porque el tipo de confrontación que las derechas bolivianas despliegan advierten sobre cuánto se puede decidir no respetar la voluntad popular, aáun apelando a frenesís plebiscitarios. En Argentina no estamos ante un escenario de esa índole pero sí asistiendo a la emergencia de nuevos fenómenos políticos reactivos y conservadores, que atraviesan partidos políticos populares y organizaciones sociales. Todo trastabilla ante la cuerda subterránea que tienden las nuevas derechas. La señora cansada del conflicto, el locutor de la noche harto de la refriega, el pequeño rentista fastidiado de las listas electorales que había votado. Las nuevas derechas ejercen su señorío como una forma de desencanto, llamando al desapego generalizado. El ser social por fin saturado de las dificultades de una época, llama bajo su forma reactiva, a no pensar la dificultad sino a refugiarse en el desafección política, en el módico mesianismo al borde de las rutas. Proclaman que actúan por dignidad cuando son economicistas y son economicistas cuando demuestran que esa es la nueva forma de la dignidad.
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Atraviesan así toda la materia sensible de este momento de la historia nacional. Su frase predilecta, “no me metan la mano en el bolsillo”, hace de los actos legítimos de regulación de las rentas extraordinarias de la tierra, una ignominiosa expropiación. Tratan un bien nacional, como la productividad del suelo, como cosa meramente privada. Otras frases reiteran: “está loca”, e incluso se ha escuchado en la televisión de la noche de los domingos: “es satánico”. Se interpreta la intervención del Estado en el mercado en la clave de una psiquiatría obtusa de revista de peluquería, de chistoso de calesita o de pitonisa de boudoir. Menos se dice “hay que matarlos”, pero aparece en los añadidos que publican algunos periódicos cuando termina la redacción de sus propios artículos y comienza la carnicería opinativa en un anonimato electrónico sediento de desquite. ¿Ante quién? ¿para qué? No le importan las respuestas a una nueva derecha que recobra el linaje de las más impiadosas que tuvo el país. Ha soltado la lengua, pero aprendió a decir primero “armonía” y diálogo” mientras no ocultan la sonrisa sobradora cuando escuchan que se les dice “y pegue, y pegue!”.
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Se considera una redención el uso del lenguaje más incivil del que se tenga memoria en las luchas sociales argentinas. Con impunidad lo han tomado, con rápido gesto de arrebatadores, del desván de los recuerdos y de las historias de gestas desplegadas en nombre de un ideal más igualitario. En un sorprendente movimiento de apropiación para travestirla en su beneficio, han movilizado la memoria de los oprimidos en función de sostener el privilegio de unos pocos, vaciando, hacia atrás, todo sentido genuino, buscando inutilizar una tradición indispensable a la hora de reestablecer el vínculo entre las generaciones pasadas y los nuevos ideales emancipatorios.
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Es una operación a partir de la cual se definen las lógicas emergentes de esa nueva derecha que no duda en reclamar para sí lo mejor de la tradición republicana y democrática; es una nueva derecha que no se nombra a sí misma como tal, que elude con astucia las definiciones al mismo tiempo que ritualiza en un mea culpa de pacotilla sus responsabilidades pasadas y presentes con lo peor de la política nacional, bendecida por frases evangélicas que llaman oscuramente a la vindicta de los poderosos que aprendieron a hablar con préstamos del lenguaje de los perseguidos. Lo han hecho en otros momentos cruciales de la historia nacional. La nueva derecha inversionista ha comenzado por invertir el significado de las palabras. ¿Por qué no lo harían ahora?
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Ante eso, es necesario recuperar otra idea de política, otro vínculo entre la política y las clases populares, y otra hilación entre hechos y símbolos. Si la nueva derecha reina en una sociedad mediatizada, una política que la confronte debe surgir de la distancia crítica con los procedimientos mediáticos. Si la nueva derecha no temió enarbolar la amenaza del hambre (como consecuencia de su desabastecedor plan de lucha), otra política debe situar al hambre, realidad dramática en la Argentina, como problema de máxima envergadura y desafío a resolver. Es cierto que, visiblemente, hoy no son muchos los que aceptan enarbolar blasones de derecha. Hay que buscarla en todos los lenguajes disponibles, en todos los partidos existentes, en todas las conductas públicas que puedan imaginarse. Los pendones que la conmueven pueden ser frases como éstas: la “nueva nación agraria como reserva moral de la nación”. Es el viejo tema de las nuevas derechas y la identificación, también antigua, de patria y propiedad, de nación y posesión de la tierra. Es el concepto de reserva moral como liturgia última que sanciona tanto el “fin del conflicto”, como un tinglado modernizante que no vacila en expropiar los temas del progresismo, pero para desmantelar lugares y memorias. Es una gauchesca de bolsa de cereales como acorde poético junto al horizonte del nuevo empresariado político. Podrán leer a la ida el Martín Fierro y a la vuelta los consejos de Berlusconi.
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Los nuevos hombres “laboriosos”, persignados fisiócratas, se indignan porque hay Estado y hay vida colectiva que se resiste a vulnerar la vieja atadura entre las palabras y las cosas. Pero esto ocurre porque la materia ideológica, con sus venerables arabescos y citas célebres, ha quedado deshilvanada, reutilizada en rápidos collages de la nuevas estancias conservadoras del lenguaje. ¿Cómo descubrirlas? Su localización es la ausencia de nervadura social, pues se trata de desplegar para la Argentina futura, una nueva cultura social con un único territorio, el de las rentas extraordinarias que desea percibir una nueva clase ineerpretando estrechamente las graves necesdades alimentarias del mundo. Parecen campesisnos, parecen chacareros, parecen pequeños propietarios, parecen hombres de campo protagonizando una gesta. Pero no son ilusiones estas nuevas creaciones políticas de indesmentible base social nueva. Son los tractores embanderados, brusca señalización del paisaje que atrae por la carencia de todo matiz, de todo signo mediador. La nueva clase teatraliza una rebelión campesina pero traza un nuevo destino conservador para la Argentina. Marcha con vocablos fuera de su eje, en una combinación entremezclada que pone en escena la fusión entre formas morales de revancha y captura jocosa de los símbolos del progresismo social.
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Asistimos a un remate general de conceptos. Nociones tan complejas como la de “patria agraria”, “Argentina profunda”, “nuevo federalismo”, han resurgido de un arcón honorable de vocablos, cuando significaron algo precioso para miles y miles de argentinos para salir hoy a luz como mendrugo de astucia y oportunismo. Como en los posmodernismos ya transcurridos, vivimos la sensación que en el reino de los discursos políticos e ideológicos, “todo es posible de darse”. Las palabras parecen las mismas, pero se han dislocado bajo una matriz teleteatral y un recetario de cruces de saltimbanqui, legalizados por la escena primordial de cámaras que infunden irrealidad y deserción de la historia en sus recolecciones vertiginosas. Un nuevo estado moral de derecha surge del neoconservadurismo que reordena los valores en juego, luego de que ha tramitado un liberalismo reaccionario y un modernismo que propone conceptos de la sociedad de la información para hacerlos marchar hacia un nuevo consenso disciplinador y desinformante.
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Un nuevo sentido común producido por los tejidos tecnoinformativos nutre así el círculo de captura de imágenes y discursos. Se habla como lo hace la llamada “sociedad del conocimiento” y esta habla como lo hacen previamente quienes ya fueron tocados por la conquistada neoparla que insiste en estar “fuera de la política” pero munidos de jergas sustitutivas de la experiencia pública. Hasta el modo de ir a los actos políticos es puesto bajo la grilla admonitoria de un juez del Olimpo que dictamina los momentos de supuesta “falsa conciencia” de miles de conciudadanos que no poseerían la legítima pasión espontánea de los refundadores del nuevo federalismo sin historia, sin estado, sin instituciones, sin sujeto. El descrédito de lo político comienza por destituir a las masas populares y sus imperfectas maneras, para hacer pasar por buenas sólo las supuestas movilizaciones pastoriles roussonianas, efectivamente multitudinarias, que mal se sostienen bajo las diversas modalidades del tractorazo, más amenazante que bucólico.
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Una república agroconservadora despliega entonces sus banderas de “nuevo movimiento social”. Tienen todo el derecho a expresarse pero el examen democrático del gigantesco operativo que han emprendido debe ser también interpretado. Se trata de sustituir un pueblo que consideran inadecuado con otro vestido con galas de revolución conservadora. Hay suficientes ejemplos en la historia del país y en las memorias constructoras de justicia para decir que no lo lograrán.
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Firmas:Mónica Abella Gustavo Abrevaya Nilda Actis Goretta Leonor Acuña Sergio Leandro Agoff Nelson Agostini Horacio Mario Aguilar Silvia Agulleiro Norberto Alayón Andrés Aldao Carlos J. Aldazábal Julio Alemán Jorge Alemán Fernando Alfón Jorge Aliaga David Aljanati Héctor Jorge Alvaro Ana Amado Ana Amorosini Federico Andahazi Leandro Andrini Eduardo Anguita Nora Aquín Javier Araujo Alejandro Archain Gloria Arcuschin Ricardo Arias Nicolás Arispe Diego Baccarelli María Bagnat Alejandro Balazote María Eugenia Ball Lima Carlos Barbarito Domingo Andres Barrado Ricardo Bartís Cristina Bartolucci Alcira Bas Roberto Baschetti Domingo Basile Vicente Battista Horacio Walter Bauer Tristán Bauer María Cristina Bazerque Martín Becerra Cristina Béjar Marta Bellardi Rodolfo J. Beltramini Luis Benítez Silvia Berajá Ana Berezin Adolfo Bergerot Olga Beriachetto Carlos Berman Jorge Bernetti Emilio Bernini Marta Bertolino Marcelo Bertuccio Graciela Biagini Augusto Bianco Gabriel M. Bilmes Hugo Biondi Fernando Birri Rafael Blanco David Blaustein Jorge Boccanera Vilma Bonetto Jorge Booth Enrique Borcel Gabriela Borgna Ruben Borre María Victoria Bourdieu Carlos Boyle Rodolfo Braceli Andrea Bragas Nora Britos Matías Bruera Mario Burgos Mario Burkun Roberto O. Bustos Elena Cabrejas Cecilia Calandria Sergio Caletti Rubén M. Calmels Pilar Calveiro Edith Cámpora María Elia Capella Darío Capelli Julio Carabelli Pablo Esteban Carabelli Diego Caramés Alfredo Juan Manuel Carballeda Teresa Caretti Joaquín Caretti Ríos Jorge Carpio Ricardo Carrena Carlos Carrique Ana Castaño Cristina Castello Leopoldo "Teuco" Castilla Mariana Casullo Nicolás Casullo Gisela Catanzaro Ana Cauerhff Aníbal Cedrón Susana Cella Matías Cerezo Elda Cerrato Susana Checa SIlvia Chejter Alejandro Cherep Magdalena Chiara María Cristina Chillida Leandro Chulak Noemí Ciollaro Gerardo Codina Javier Cófreces Patricio Contreras Ivonne Copetti Roberto Tito Cossa Ricardo Costa Américo Cristófalo Diana Cruces Fernando Cukierman Cristina Curuchelar Claudia Dagostino Rodrigo Daskal Emiliano De Bin Hugo De Cristóforis Carlos De Feo Carlos De Lorenzo Diego De Menech María De Pauli Oscar A. De Sanctis Sergio Del Piero Vicente Di Cione Oscar Díaz Gabriel D'Iorio Jorge Dobal Cristina Domenech Nora Dominguez Jorge Dubatti Victor Ducrot Sonia E Durand Carlos Eroles Marcelo Adrián Eschoyez Ximena Espeche Patricia Esper Daniel Ezcurra Adrian Faigon Ana M. Falcòn Matías Farias Cristina Feijóo José Pablo Feinmann Hugo Arturo Feraud, Julio Fernández, Zulema Fernández Pablo Fernández, Gerardo Fernández Julio Fernández Baraibar Isabel Fernandez Blanco Maximiliano Fernández De Lorenzo Javier Fernández Míguez Claudio Ferrari León Ferrari Lilia Ferreyra Corina Fiorillo Cecilia Flachsland Jorge Flores Marita Foix Jorge Fontanals Juan Forn Alejandro Forster Ricardo Forster Eduardo Foulkes Cristina Fraire Daniel Freidemberg Marcelo Frías Marcelo "Nono" Frondizi Laura Fumagalli Patricia Funes Juan Furlino Jorge Gaggero Oscar Galante Norberto Galasso Lily Galeano Luisa Irma Galli Susana Gamba Eduardo Garavaglia Soledad García Susana García Iglesias Liliana García Nudelman Soledad García Quiroga Gilou García Reinoso Mariano Juan Garreta María Laura Garrido Eduardo Garriga Luis Gasloli Miguel Gaya Marisa Germain Octavio Gettino Luz Gibert Carlos Girotti Eduardo Giuria José Glusman Norma Goicoechea Martha Goldin Jorge M. 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Mayoral Roberto Mazzuca María Cristina Melano Andrés Méndez Carolina Mera Teresa Merediz Rolando Mermet Marina Moguillansky Daniel Mojica Oscar M. Molek Emilce Moler Eduardo Molina y Vedia Eduardo Molinari Héctor Molinari Maximiliano A Molocznik Laura Mombello Federico Monczor Patricia Monsalve Alejandro Montalbán Eduardo Montebello Ángela Montero Neira Jorge E. Moreira Alfredo Moreno Oscar Moreno Liliana Morsella Mariana Moyano Eduardo Müller Micaela Muñoz Mariana Muraca Daniel Muxica Alicia S. Muzio Ricardo Nacht Alberto Nadra Alejandra Naftal Jack Nahmías Eduardo Narvaez Aurelio Narvaja Ricardo Natch Esteban Nicotra Javier Nobile Aldo Luis Novelli José A. 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Pensamientos.
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"Nosotros no nos vamos a dejar aplastar jamás por la bosta oligárquica y traidora de los vendepatria que han explotado a la clase trabajadora; porque nosotros no nos vamos a dejar explotar jamás por los que, vendidos por cuatro monedas, sirven a sus amos de las metrópolis extranjeras y entregan al pueblo de su patria con la misma tranquilidad con que han vendido el país y sus conciencias".
Eva Perón
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El movimiento tiene enemigos de afuera y de adentro: quien no lucha contra el enemigo ni por la causa del pueblo, es un traidor; quien lucha contra el enemigo y por la causa del pueblo, es un compañero; y quien lucha contra un compañero, es un enemigo o un traidor"
Juan Domingo Perón
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“Libertad de los intereses antinacionales y antipopulares, para impedir que lo nacional y popular tenga medios de expresión. Esto es lo que se llama aquí - libertad de prensa”.
Arturo Jauretche
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"Los hombres no solamente suelen olvidar los beneficios recibidos, sino que llegan a odiar a los que se los hicieron."
La Rochefoucauld
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“La lucha por la vida, y la vida digna no pueden ser slogans de ciertos grupos a los que parece que sólo les interesa la defensa de la vida intrauterina, desentendiéndose del hambre, de la desocupación, de la falta de salud, o de la niñez y la vejez desamparadas, de la justicia y de la vigencia de todos los derechos humanos de ayer y de hoy (...) Reclamamos el esclarecimiento y la justa condena de todos los crímenes de lesa humanidad, incluyendo claro está la de los capellanes militares o policiales que hayan participado en crímenes, desapariciones o torturas.”
Grupo de Curas en la Opción por los Pobres
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“La lucha es para los hombres que aguantan. Los que no aguantan es mejor que no luchen. También se puede vivir sin luchar”.
Juan Domingo Perón
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"¡Viva el cáncer!, escribió alguna mano enemiga en un muro de Buenos Aires. La odiaban, la odian los biencomidos: por pobre, por mujer, por insolente. Ella los desafía hablando y los ofendía viviendo. Nacida para sirvienta, o a lo sumo para actríz de melodramas baratos. Evita se había salido de su lugar. La querían, la quieren los malqueridos; por su boca ellos decían y maldecían. Además Evita era el hada rubia que abrazaba al leproso y al haraposo y daba paz al desesperado, el incesante manantial que prodigaba empleos y colchones, zapatos y máquinas de coser, dentaduras postizas, ajuares de novia. Los míseros recibían estas caridades desde al lado, no desde arriba, aunque Evita luciera joyas despampanantes y en pleno verano ostentara abrigos de visón. No es que le perdonaran el lujo: se lo celebraban. No se sentía el pueblo humillado sino vengado por sus atavíos de reina. Ante el cuerpo de Evita, rodeado de claveles blancos desfila el pueblo llorando. Día tras día, noche tras noche, la hilera de antorchas: una caravana de dos semanas de largo. Suspiran aliviados los usureros, los mercaderes, los señores de la tierra”
Eduardo Galeano
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"Nuestra experiencia nos ha enseñado que sobre todas las cosas debemos ser pacientes, perseverantes, decididos.A veces pasan meses sin que nada aparentemente suceda, pero si se trabaja con ejercicio de estas tres cualidades la tarea siempre ha de fructificar, en una semana, en un mes o en un año. Nada debe desalentarnos, nada debe dividirnos, nada debe desesperarnos."
Agustín Tosco
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"La clase política argentina tiene un gran desafío de honestidad. No podemos tener un cuadro de Perón o de Eva o una foto del Che colgando de la pared y cuando nos arremete algún grupo de la oligarquía, empezar a retroceder"
Néstor Kirchner
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"La libertad no la tienen los que no tienen su sed".
Rafael Alberti
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"Si consideramos que el mal de nuestros países radica expresamente en nuestra descapitalización y su endeudamiento del que jamás se logra salir, podremos apreciar las ventajas que pueden acarrearnos las ayudas prometidas que, además nos obligan a menudo a someternos a exigencias sociales y políticas que, por intermedio del famoso Fondo Monetario Internacional, llegan por el conducto económico que, en manera alguna puede justiciar una entrega ignominiosa o una subordinación que raya en la infamia".
Juan Domingo Perón
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"Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles".
Bertold Brecht
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"Nosotros no levantamos tribunas solamente en épocas preelectorales, sino que estamos permanentemente en contacto con el pueblo para auscultar sus sentimientos y saber si interpretamos sus aspiraciones".
Eva Perón
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"El mayor castigo para quienes no se interesan por la política es que serán gobernados por personas que sí se interesan".
Arnold J. Toynbee
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"El objetivo fundamental es servir a la sociedad como un todo y al hombre como sujeto natural sometido a necesidades materiales de subsistencia, sino también como persona moral, intelectual y espiritual".
Juan D. Perón
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"La suerte favorece sólo a la mente preparada".
Isaac Asimov
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"No hay nuevos rótulos que califiquen nuestra doctrina y nuestra ideología somos lo que las 20 verdades peronistas dicen no es gritando la vida por Perón como se hace patria si no defendiendo el credo por el cual luchamos".
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Juan Domingo Perón
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"Para vender sus guerras, el Mercado siembra miedo. Y el miedo crea clima. La televisión se ocupa de que las torres de Nueva York vuelvan a derrumbarse todos los días. ¿Qué quedó del pánico al ántrax? No sólo una investigación oficial, que poco o nada averiguó sobre aquellas cartas mortales: también quedó un espectacular aumento del presupuesto militar de Estados Unidos. Y la millonada que ese país destina a la industria de la muerte no es moco de pavo. Apenas un mes y medio de esos gastos bastaría para acabar con la miseria en el mundo, si no mienten los numeritos de las Naciones Unidas".
Eduardo Galeano
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"No puede haber amor donde hay explotadores y explotados, donde las oligarquías dominantes llenas de privilegios y pueblos desposeídos y miserables, porque nunca los explotadores pudieron ser ni sentirse hermanos de sus explotados y ninguna oligarquía pudo darse con ningún pueblo el abrazo sincero de la fraternidad".
Eva Perón
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"Lucho porque no quiero que nos roben más las mieles de nuestros panales".
Tupac Amaru
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"La corrupción de los pueblos nace de la indulgencia de los Tribunales y de la impunidad de los delitos".
Simón Bolívar
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Oración del Padre Mugica Meditación en la Villa
"Señor, perdóname por haberme acostumbrado a ver que los chicos, que parecen tener ocho años; tengan trece;Señor, perdóname por haberme acostumbrado a chapotear por el barro; yo me puedo ir, ellos no:Señor, perdóname por haberme aprendido a soportar el olor de las aguas servidas de las que me puedo ir y ellos no;Señor, perdóname por encender la luz y olvidarme de que ellos no pueden hacerlo;Señor, yo puedo hacer huelga de hambre y ellos no: porque nadie hace huelga con su hambre;Señor, perdóname por decirles no solo del pan vive el hombre, y no luchar con todo para que rescaten su pan;Señor, quiero quererlos por ellos y no por mí. Ayúdame. Señor, sueño con morir por ellos: ayúdame a vivir para ellos.Señor, quiero estar con ellos a la hora de la luz. Ayúdame".
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"Ella está en el horizonte --dice Fernando Birri--. me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré. ¿Para qué sirve la utopía? Para eso sirve: para caminar."
Eduardo Galeano
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"…si la historia la escriben los que ganan, eso quiere decir que hay otra historia…"
Eduardo Mignogna
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"Las convicciones políticas son como la virginidad: una vez perdidas, no vuelven a recobrarse".
Francisco Py y
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Votar "El peor analfabeto, es el analfabeto político. El no ve, no habla, no participa de los acontecimientos políticos. El no sabe que el costo de la vida, el precio del pescado, de la harina, del alquiler, del calzado o del remedio dependen de las decisiones políticas.
El analfabeto político es tan burro que se enorgullece e hincha el pecho diciendo que odia la política.
No sabe el muy imbécil, que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado, el asaltante y el peor de los bandidos que es el político corrupto y el lacayo de las empresas nacionales y multinacionales".
Bertold Brecht
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"Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia para plagar la América de miseria a nombre de la libertad".
Simón Bolívar
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"Desde los fenicios en adelante, el destino de los pueblos ha sido luchar contra los imperios".
Juan Domingo Perón
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"Yo me salvo, solo, si por mi intermedio se salvan otros".
San Mateo
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"Los tibios, los indiferentes, las reservas mentales, los peronistas a medias, me dan asco. Me repugnan porque no tienen olor ni sabor. Frente al avance permanente e inexorable del día maravilloso de los pueblos también los hombres se dividen en los tres campos eternos del odio, de la indiferencia y del amor. Hay fanáticos del pueblo. Hay enemigos del pueblo. Y hay indiferentes. Estos pertenecen a la clase de hombre que Dante señaló ya en las puertas del infierno. Nunca se juegan por nada. Son como "los ángeles que no fueron ni fieles ni rebeldes".
Eva Perón
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"Crece desde el pueblo el futuro crece desde el pie ánima del rumbo seguro crece desde el pie".
Alfredo Zitarrosa
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"Asesorarse con los técnicos del Fondo Monetario Internacional es lo mismo que ir al almacén con el manual del comprador, escrito por el almacenero".
Arturo Jauretche
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"Podrá costar más o menos sacrificio ¡pero siempre se puede! No hay nada que sea más fuerte que un pueblo. Lo único que se necesita es decidirlo a ser justo, libre y soberano. ¿Los procedimientos? Hay mil procedimientos eficaces para vencer: con armas o sin armas, de frente o por la espalda, a la luz del día o a la sombra de la noche, con un gesto de rabia o con una sonrisa, llorando o cantando, por los medios legales o por los medios ilícitos que los mismos imperialismos utilizan en contra de los pueblos".
Eva Perón
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"El peronismo es como el otoño, que aún envuelto en hojas secas, viene cargado de semillas".
Leopoldo Marechal
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"Cuando el carro se ha roto, muchos nos dirán por dónde no se debía pasar".
Proverbio turco
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"En el territorio más rico de la tierra vive un Pueblo pobre, mal nutrido y con salarios de hambre.Hasta que los argentinos no recuperemos para la Nación y el Pueblo el dominio de nuestras riquezas, no seremos una Nación soberana ni un Pueblo feliz".
Arturo Jauretche
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"Yo los he conocido también de cerca. Frente a los imperialismos no sentí otra cosa que la indignación del odio, pero frente a los entregadores de sus pueblos, a ella sumé la infinita indignación de mi desprecio. Muchas veces los he oído disculparse ante mi agresividad irónica y mordaz. "No podemos hacer nada", decían. Los he oído muchas veces; en todos los tonos de la mentira. ¡Mentira! ¡Sí! ¡Mil veces mentira...! Hay una sola cosa invencible en la tierra: la voluntad de los pueblos. No hay ningún pueblo de la tierra que no pueda ser justo, libre y soberano. "No podemos hacer nada" es lo que dicen todos los gobiernos cobardes de las naciones sometidas. No lo dicen por convencimiento sino por conveniencias".
Eva Perón
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"Los seres humanos hacen su propia historia, aunque bajo circunstancias influidas por el pasado".
Carlos Marx
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"El arte de nuestros enemigos es desmoralizar, entristecer a los pueblos. Los pueblos deprimidos no vencen. Por eso venimos a combatir por el país alegremente. Nada grande se puede hacer con la tristeza".
Arturo Jauretche
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“Estos asuntos de economía y finanzas son tan simples que están al alcance de cualquier niño. Solo requieren saber sumar y restar. Cuando usted no entiende una cosa, pregunte hasta que la entienda. Si no la entiende es que están tratando de robarlo. Cuando usted entienda eso, ya habrá aprendido a defender la patria en el orden inmaterial de los conceptos económicos y financieros".
Raúl Scalabrini Ortiz
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"Declaro que pertenezco ineludiblemente y para siempre a la "ignominiosa raza de los pueblos". De mí no se dirá jamás que traicioné a mi pueblo, mareada por las alturas del poder y de la gloria. Eso lo saben todos los pobres y todos los ricos de mi tierra, por eso me quieren los descamisados y los otros me odian y me calumnian. Nadie niega en mi Patria que, para bien o para mal, yo no me dejé arrancar el alma que traje de la calle. Por eso, porque sigo pensando y sintiendo como pueblo, no he podido vencer todavía nuestro "resentimiento" con la oligarquía que nos explotó. ¡Ni quiero vencerlo!".
Eva Perón
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"La juventud tiene su lucha, que es derribar a las oligarquías entregadoras, a los conductores que desorientan y a los intereses extraños que nos explotan".
Arturo Jauretche
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"No falta el bobalicón nostálgico del jardín, pero entre todos el ruin es el que trajo al ladrón; ése no tiene perdón: si protegen sus ganancias, la decencia y la ignorancia del pueblo, son sus amores; no encuentra causas mejores para comprarse otra estancia".
Alfredo Zitarrosa
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"En la lucha todos tenemos un puesto y esta es una lucha abierta por el ser o no ser de la Argentina. Luchamos por la independencia y la soberanía de la Patria, por la dignidad de nuestros hijos y de nuestros padres, por el honor de una bandera y por la felicidad de un pueblo escarnecido y sacrificado en aras de una avaricia y un egoísmo que no nos han traído sino dolores y luchas estériles y destructivas".
Eva Perón
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"Nosotros creemos que la integridad moral es en este momento un factor político casi tan eficaz como la denuncia y el conocimiento preciso de los hechos. La República está disgregada, porque carece de hombres que puedan polarizar en torno a sí la desesperanza del país. Nadie cree en nadie.Es indispensable que el sacrificio de algunos, vuelva a reivindicar el duro carácter que la misión de conductores implica".
Raúl Scalabrini Ortiz
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"La economía nunca ha sido libre: o la controla el Estado en beneficio del Pueblo o lo hacen los grandes consorcios en perjuicio de éste".
Juan Domingo Perón
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"Los argentinos intuimos ya que no es posible insistir en nuestras vacilaciones. La historia reclama de nosotros la consolidación de una fisonomía nacional".
Juan D. Perón
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Identidad Popular - Argentina/12/07/2008
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