18/6/08

Compilado de martes

El desquicio del ex presidente, la ausencia de la presidente, el demente de D’ Elia y las cacerolas que suenan.
Más, la introducción del tema de las maras en los medios de comunicación.
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Laura Etcharren*
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Operativo destrozar a Cristina
Lejos de arribar a una solución, el conflicto gobierno/campo se profundiza y explota en las calles de todo el país. Otra vez se escucharon masivamente los ruidos que fueron la antesala del final más espeluznante en el 2001.
Los encendidos sociales ya no se clasificaron por barrios. El pedido de diálogo, siempre presente entre los vecinos de Recoleta, Barrio Norte, Caballito y Belgrano tuvo su adhesión en Palermo, Parque Centenario, Villa Ortúzar, etc. Todo ello en el marco de Capital Federal. También en la Provincia de Buenos Aires y en las distintas Provincias Argentinas se sintieron los reclamos. Sucede, que las enquistadas retenciones, el mal empleo de las palabras y la agitación de la violencia alcanzaron durante este patético fin de semana largo su nivel más alto. Con lo cual, se pudo visualizar que además del problema agropecuario, la sociedad argentina asiste a una agudización de los miedos ante las constantes amenazas de Luis D’ Elia. Individuo enarbolado en el kirchnerismo y alineado con el ex presidente más que con la presidente misma.
Un piquetero que invita a los habitantes “bien nacidos” a armarse para revertir lo que ha dado en llamar “golpe económico”. De este modo se presenta en los medios de comunicación como un instigador de la violencia y pretende, a través de un lenguaje pueril, convocar al pueblo al demencial acto del día miércoles en Plaza de Mayo organizado por Néstor Kirchner en apoyo al gobierno. Un acto que, lejos de reflejar un respaldo innecesario, aparece como un operativo para destrozar, aún más, a Cristina.
Porque en estas instancias, el ex presidente no solo demuestra sus ansias desmedidas de poder e ingerencia dentro del gobierno sino también, su intención de acabar con ella. De ahí su provocativa ida a la plaza de todos los argentinos y los manejos retóricos que conjuntamente entabla con los piqueteros.
Mientras tanto, ella, está casi ausente. Como si no existiese. Como si el mandato estuviese a cargo de un fantasma o bien, fuese desempeñado por las caras visibles de los Fernández. Ausencia que demuestra cierta incapacidad y que revela fuertemente a los argentinos. A quienes la votaron y a quienes no. Porque con esta forma de no proceder de la presidente, los ciudadanos nos encontramos a la deriva. Más cerca del naufragio que de la trillada evolución que a estas alturas no es más que una quimera. Una venta de simulacros en el contexto de un gobierno selectivo al momento de evaluar los estados de situación y el compromiso con los derechos fundamentales.
Criterios parciales y equivocados alrededor de personas retóricamente hundidas en el siglo del miedo que buscan apartar a la gente del necesitado siglo del perdón para salir de esta barbarie instalada en los grandes centros urbanos. Razón por la cual, nuestro país atraviesa por una difícil crisis que requiere de una salida para poder cambiar este paradigma vigente de ficticio progresismo.
País incendiado desde todo punto de vista con un paisaje humeante que volvió a hacerse sentir frente a la nueva quema de pastizales. Como si no bastase con el caos existente, los inadaptados de siempre retornaron con la piromanía y sentaron las bases de la inconciencia enmascarada de conciencia.
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La confusión de las maras
De un tiempo a esta parte, la palabra
mara irrumpe en los medios de comunicación para abrir un debate acerca de la existencia o no en nuestro país de estos grupos organizados. Tanto es así, que las consultas periodistas sobre el fenómeno maras sirve para realizar crónicas sostenidas con declaraciones de distintos especialistas. Así mismo, también sirve para culpabilizar a personas y crear insostenibles enfrentamientos ante una situación que no forma parte de ningún imaginario sino de la realidad imperante que prosigue más allá del conflicto expuesto en el apartado anterior.
El respetable profesor Pegoraro, en declaraciones al diario La Nación dijo: "Sostener que puede haber maras en la Argentina es una vulgaridad”. En este sentido, la vulgaridad o mejor dicho, la banalización, es subestimar el fenómeno por las características argentinas.
Analicemos entonces los por qué de la refutación a las declaraciones específicas del profesor titular de la cátedra Delito y Sociedad de la UBA.
El tema de las maras hace eco en las sociedades de los diferentes países del hemisferio sur que deben estar alertas e informados acerca de un fenómeno en propagación que más allá de sus años, aún genera dudas, inquietudes, confusión y ciertos vacíos de conocimiento que cuando no profundizan el conflicto, lo banalizan. Razón por la cual, ser concretos y específicos al respecto es una necesidad imperiosa para no crear pánico colectivo y tampoco confrontaciones entre los investigadores.
La clave se encuentra en saber diferenciar entre pandillas y maras. Es decir, comprender que unas y otras si bien tienen características comunes, también tienen marcadas divergencias que marcan la sofisticación de las segundas como consecuencia de un trabajo logístico y estratégico vinculado a los grandes grupos del poder político y económico. Relacionadas al crimen organizado por ser parte natural del mismo o bien, por haber sido coptados y adiestrados en una decisión conciente por trascender la pandilla dedicada al narcomenudeo y a las disputas por la defensa del barrio.
Diferencias que parecen sutiles pero que establecen un parámetro de definición que marca los alcances de unas y otras. Con lo cual, las precisiones y el rigor en materia de investigación al momento de definir el objeto de estudio debe prevalecer para no salir al ruedo en los medios de comunicación denostando criterios y erigiendo argumentos que están basados en expresiones de deseo y no en análisis empíricos que vayan más allá de los conceptos teóricos.
Veamos, Argentina conjuntamente con Uruguay y Chile asisten a lo que se ha dado en llamar desde este espacio, estado embrionario de maras. Lo cual significa que hay pequeños brotes cada vez menos aislados de la existencia de pandillas preparadas para el delito que buscan superar su condición de simples chicos en banda.
Ahora bien, las diferencia socioeconómicas y socio históricas que Argentina presenta con el triángulo de los países centroamericanos más comprometidos con el fenómeno de las maras (Honduras, Guatemala, El Salvador) no impide que éstas puedan desarrollarse aquí con sus específicas construcciones. Ser maras nativas. Aunque tampoco es descabellado que frente a la negación embrionaria, mareros buscados por las fuerzas de seguridad que residentes de otros países arriben al nuestro para instalar células. Que atraigan a los delincuentes para conformar un grupo organizado con un líder internacional que trae consigo todo un bagaje delictivo signado por la excelencia maléfica.
Por lo tanto, la problemática de la inseguridad en Centroamérica y Latinoamérica debe pensarse globalmente y cuando alcanza delicados niveles de planificación, se debe pensar en la existencia de las maras y en el estado embrionario de las mismas. Se debe entonces escindir la palabra mara de la palabra pandilla e indagar en las sutilezas que hacen de estos dos conceptos, dos situaciones distintas que pintan el panorama de las fronteras y las calles.
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*Laura Etcharren.
Socióloga, especialista en la problemática de Las Maras en Centroamérica y Argentina. Analista de Medios de Comunicación.
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sociedadymedios - Argentina/18/06/2008

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