17/8/07

Diplomacia de consumo interno

17/08/2007
Opinión
Jorge Chabat*
En 1972, Franklin Weinstein publicó en World Politics un artículo ya clásico sobre los usos internos de la política exterior en países en desarrollo. Weinstein señalaba que, además de las funciones básicas de preservar la independencia y promover el desarrollo, metas a veces contradictorias, la política exterior también servía para propósitos de la polí-tica interna: servía para aislar a los enemigos políticos de sus aliados externos, para dar legitimidad a demandas políticas internas, para crear símbolos de nacionalismo y patriotismo, para llamar a la unidad nacional, para generar un sentimiento de orgullo y autoestima o para legitimar políticas del gobierno en turno.
Basta con repasar la historia reciente del país para descubrir que muchos de estos usos internos han estado presentes en la política exterior mexicana durante décadas. Los gobiernos del PRI fueron, desde luego, unos maestros en eso: durante la guerra fría generaron apoyo de una buena parte de la población e incluso de la izquierda mexicana por su solidaridad con gobiernos revolucionarios como el de Cuba, aislando así a una parte de la oposición de sus aliados externos. Salinas de Gortari, por ejemplo, se legitimó en parte con la presencia de Fidel Castro y Daniel Ortega en su toma de posesión.
Pues bien, esta estrategia parece que está siendo revivida por el presidente Calderón con un éxito insospechado para propios y extraños. En las últimas semanas han visitado México varios presidentes representantes de gobiernos de izquierda que han terminado de grandes cuates de Calderón: Daniel Ortega de Nicaragua, Michelle Bachelet de Chile, José Luis Rodríguez Zapatero de España, Ernesto y Cristina Kirchner de Argentina y Lula de Brasil. Por si eso no fuera suficiente, el gobierno de Venezuela acaba de anunciar el envío a México de un embajador de altísimo nivel, al tiempo que Hugo Chávez estaba irreconocible hablando muy respetuosamente de México y de Calderón. ¡Ver para creer! Y lo que llama la atención no son sólo las visitas, sino la gran cordialidad de las mismas y las contradicciones que éstas han provocado al interior del PRD.
La visita de Rodríguez Zapatero exhibió a un PRD escindido entre la línea dura de López Obrador y su “canciller legítimo” y la línea más política de Ebrard y el resto del PRD, incluido Alejandro Encinas. La visita de Lula ha exhibido igualmente los desfases históricos del PRD y de su ex candidato presidencial López Obrador. Mientras Lula hablaba de considerar la inversión privada en el petróleo, AMLO le echaba bronca al presidente brasileño a quien veía como caballo de Troya del imperialismo. Y en medio de estas contradicciones, Cristina Kirchner declaraba que Felipe Calderón no era como Fox y Lula intercambiaba condecoraciones con quien el PRD ha calificado desde hace meses como el “presidente espurio”.
Es evidente que estos acercamientos del gobierno de Calderón con los gobiernos de izquierda de América Latina tienen propósitos internos. No ver eso es querer tapar el sol con un dedo. Más aún, es probable que los planes de integración con el resto de la región avancen lentamente pues enfrentan claras limitaciones estructurales. Sin embargo, la ganancia para el Presidente mexicano está adentro: con los espaldarazos que ha recibido de los gobiernos de izquierda más importantes de América Latina ha aislado a López Obrador y le ha quitado argumentos al PRI y al PRD para negarse a negociar reformas en el Congreso. Al mismo tiempo, ha exhibido la obsolescencia de la izquierda mexicana que muestra estar a la zaga en cuanto a reformas económicas se refiere. Ya nomás falta que Calderón invite a los presidentes de Irán o Libia para que vengan a hablar de cómo han permitido inversión privada en su industria petrolera y exhibir así una vez más la inoperancia de las visiones ultranacionalistas de una parte del PRI y del PRD.
Cierto, falta que al final Calderón logre concretar algunas de las reformas legislativas. Para ello se requiere, desde luego, tender todavía varios puentes a los sectores del PRD que no ven al Presidente como un interlocutor legítimo. No obstante, una cosa es clara: Calderón sabe jugar a la política y entiende la importancia de dar las batallas ideológicas. En sólo tres meses ha logrado desmantelar la imagen que el PRD se empeñó en crearle de un presidente conservador y sin legitimidad internacional. Como dice el dicho, para que la cuña apriete debe ser del mismo palo y ese palo es de izquierda. Y sí está apretando.
-
*Analista político e investigador del CIDE
jorge.chabat@cide.edu

No hay comentarios:

Locations of visitors to this page