5/10/07

Oriente Medio: la tendencia del gasto en Defensa

Fuente: SIPRI, Yearbook 2007. (NB: Oman, los valores reflejados corresponden al gasto corriente).
-
Se sabe que tras el final de la Guerra Fría, la carrera armamentística se ralentizó y el gasto militar se redujo notablemente. Efectivamente las grandes potencias desmantelaron buena parte de su potencial militar, pero en la región de Oriente Medio, no se ha experimentado esta tendencia a la reducción de armamento.Después de la puesta en marcha de la “Guerra contra el Terror”, la fe en la progresiva reducción de gasto militar ha desaparecido.El presupuesto militar mundial se prepara hoy para retomar los mismos valores de los tiempos del orden bipolar, con importantes repercusiones en la situación económica interna.

Elisa Cavatorta

Recientes estimaciones calculan que el gasto militar mundial ha aumentado un 37% en los últimos diez años. Con un gasto total que alcanza los 1.158 mil millones de dólares. Pero el gasto militar en sí mismo es sólo un aspecto de la militarización de algunas sociedades. Existen al menos tres peculiaridades que caracterizan el gasto militar del último decenio y detallan este panorama reflejado en los datos.

- El primer aspecto a recordar es que el comercio de armas se ha visto afectado por el efecto de la globalización, por lo menos en la misma medida que el resto de intercambios comerciales civiles. Las armas y municiones cuestan menos y son más fáciles de encontrar, y es cada vez más el mercado privado el que responde a la demanda de armamento.
- En segundo lugar, en algunos países en vías de desarrollo, el gasto militar sigue siendo uno de los elementos más importantes en el presupuesto del estado. En algunos de estos países la causa principal es el resurgimiento de nuevos conflictos, muy a menudo interregionales o interestatales, que inducen a una nueva carrera armamentística a escala local. En otros, sin embargo, la causa está estrechamente vinculada al fenómeno de la globalización del mercado de las armas: algunos países en vías de desarrollo han encontrado grandes beneficios en la exportación de armas, ligando fuertemente su economía al florecimiento de este mercado.
- Finalmente, un tercer aspecto a tener en cuenta es el aumento exponencial del efecto mortal de las armas: motivo por el cual, incluso allí donde ha habido una reducción del gasto militar, no es posible hablar de una menor militarización nacional, ni de una amenaza inferior para la seguridad nacional de otros.

Es importante tener en cuenta que el gasto militar es una parte integrante de la estructura económica de una nación y tiene una fuerte influencia sobre su desarrollo. Numerosos estudios han intentado establecer valoraciones cuantitativas del efecto que el gasto en defensa provoca sobre el crecimiento económico de un país. El gasto militar, como cuota porcentual del PIB nacional, puede fácilmente considerarse un “impuesto militar” si se cree que las reservas destinadas pueden ser asignadas a otros sectores productivos.
La redistribución del gasto militar produce necesariamente costes de ajuste para la economía, que pueden ser por otra parte tan altos como el propio gasto, si no son acompañados de políticas de conversión adecuadas. Esto sugiere que los beneficios provenientes de la desmilitarización y del desarme de algunas sociedades (conocidos en literatura como Peace Dividend) han sido conquistados. En este sentido se puede estar de acuerdo con quien dice que “la paz debería ser conquistada: no sólo políticamente, sino también económicamente” (Cohen y Ward, 1996).

"Gastos militares”: tendencias actuales y perspectivas

El gasto militar en la región de Oriente Medio ha aumentado en un 57% en términos reales en el decenio 1997-2006. Y el área meridional mantiene el récord de ser la región con los “gastos militares” más elevados del mundo (el gasto militar en proporción con el PIB): 6% del PIB de media, con 10 países sobre 12 en los cuáles la proporción es superior al 4%.Si a primera vista esto podría parecer el resultado de las convulsiones iraquíes, en realidad los datos no apoyan esta tesis. Los incrementos en el gasto militar de Oriente Medio parecen endémicos, ligados a cuestiones internas de seguridad y a las fluctuaciones del precio del petróleo. Esto no significa que la guerra en Irak haya tenido un efecto irrelevante sobre el gasto militar de algunos estados de la zona de Oriente Medio, pero su impacto sobre la región puede ser considerado modesto. Se calcula que el gasto militar ha aumentado, en 2003, un 10% en términos reales, un porcentaje, no obstante, poco usual para una región que ha visto aumentos incluso superiores en periodos relativamente menos turbulentos (un 15% en el 1997 y en el 2000). La razón principal de esta aparente contradicción radica en el hecho de que la mayor parte del gasto militar de la guerra de Irak ha sido sostenido por los Estados Unidos, y por los pocos países mediorientales que directamente tomaron partido en la guerra (Bahrein, Qatar). Desde otra perspectiva, es cierto que la guerra ha hecho crecer el gasto militar de algunos países fronterizos: Kuwait, Irán y Jordania han revisado de manera significativa sus presupuestos militares con importantes aumentos respecto al año anterior. (Ver grafico)

En la valoración del incremento del gasto militar, existe un aspecto importante a tener en cuenta. Un elemento fundamental en la formación del presupuesto militar es la positiva correlación entre el nivel de gasto para defensa y la riqueza de una economía: cuando una economía crece, tiene más recursos para destinar a la defensa nacional. Existe entonces la posibilidad de que el gasto militar aumente. Con una terminología más analítica, este concepto sugiere que el gasto militar es una función del crecimiento económico de una nación. Este fenómeno no se limita a Oriente Medio: los mayores aumentos en el sector militar ocurren en las economías en expansión de Asia Oriental (57%, en particular en China) y en Europa Oriental (61%).Esto explica parcialmente porqué es el Reino Saudita el que se encarga de sostener el mayor gasto militar de la región deOriente Medio. Seguido Israel e Irán. Arabia Saudí destina una media de 10,4 puntos porcentuales del PIB al gasto militar para defensa, sobre todo a causa de los costosas adquisiciones de abastecimiento y equipamiento extranjero, especialmente americanos. La península Saudí ha emprendido una nueva estrategia de defensa para afrontar las amenazas internas y externas. Estas estrategias van hacia una redefinición del procurement (adquisición) militar saudí: hasta hace poco tiempo, Arabia Saudí dependía completamente de los proveedores externos, americanos y franceses, y de Pakistán para el personal militar. Un procurement de este tipo, homogéneo y unilateral, no era una excepción en la península árabe: incluso Bahrein y Qatar presentaban vínculos comerciales casi exclusivos con Francia y Reino Unido.En el caso de Bahrein, el presupuesto militar responde a la efímera estabilidad política de la península, guiada por una élite suní que gobierna sobre la población mayoritariamente chiita, y circundada por un “arco chiita” cada vez más sensible a las cambios radicales. Arabia Saudí se v afectada por la amenaza que representa un Irán armado y caracterizado por la voluntad de aumentar su propia influencia político-militar en el área del Golfo Pérsico. Desde la instauración del régimen de Khomeini, Irán se ha presentado como guía para la población Chiita de la región y una revuelta popular en una región puede desatar una reacción en cadena en otras provincias en toda la península arábiga.
En cuanto se refiere a Arabia Saudí, la amenaza interna se ha agravado por las infiltraciones islamistas en el interior del ejército y la sospecha de que algunos miembros de las fuerzas armadas tengan vínculos con Al-Qaeda.Las problemáticas vinculadas a los diversos grupos religiosos, el resentimiento causado por la repartición no equitativa de los beneficios de las ventas petroliferas y la escasa reverencia hacia el estado son características comunes también para otros Estados de la península. Bahrein, por ejemplo, durante un largo periodo ha recurrido a abundantes abastecimientos militares para tener bajo control posibles insurrecciones de la comunidad chiita.

¿Cuánto supone el presupuesto militar?

Como se ha dicho, el crecimiento económico tiene un efecto positivo en el crecimiento del gasto militar. Pero, ¿subsiste esta relación en la dirección contraria? Analizar los costes y beneficios que el gasto militar produce en la economía nacional o regional requiere investigar a través de qué canales incide la industria de defensa sobre el rendimiento económico de un país (medido, convencionalemente, a través del PIB). El concepto sobre el cual se basa este tipo de análisis económico del gasto para defensa es el de coste-oportunidad. Mantener un elevado gasto militar perjudica otros ámbitos del gasto público (educación y sanidad, por ejemplo. Comprender y cuantificar los costes implicados es de crucial importancia cuando los “gastos militares” mantienen una media del 6%/ PIB (1997-2005) como sucede en Oriente Medio.

Un conocido estudio en este campo ha abierto un intenso debate sobre el papel desempeñado por el gasto militar y su efecto sobre el crecimiento económico nacional. En el escrito, Defence an Economic Growth in Developing Countries (1973) Emile Benoit demostraba analíticamente como, sorprendentemente, la relación entre gasto militar y crecimiento económico era una relación positiva: un importante gasto militar puede estimular la economía nacional, produciendo efectos positivos en diversos sectores de la economía. De la resonancia del estudio se ha originado la conocida como “hipótesis de Benoit”. El debate suscitado y los estudios que se originaron posteriormente, han contradicho lo que parecía una funesta conclusión.

Pero aún hoy no existe una respuesta inequívoca.Gran parte de la literatura reciente apoya la idea de que la relación entre gasto militar y crecimiento económico sea una relación contingente, inseparable del proceso histórico en marcha en el periodo en el cual la relación se mantiene. Los mecanismos implicados a menudo provocan efectos contrastantes, a veces con una intensidad que depende de las caracteristicas de cada nación y que impide generalizar la relación. La conclusión final depende del efecto neto de estas fuerzas. Es importante entonces separar los canales a través de los que la industria de defensa incide sobre el cambio de la economía nacional, y estimar el efecto individual.
Es posible clasificar analíticamente estos canales en dos grupos: los canales que actúan sobre la demanda agregada de la economía (lo que las personas consuman, inviertan, la suma del gasto público y las esportaciones netas); y aquellas que influencian la oferta agregada de la economía, que depende del capital físico, del capital humano y del nivel tecnológico propio del sistema productivo.

Efectos económicos del gasto militar

Fuerza de trabajo y recursos humanos.Un aspecto importante a tener en cuenta si se quiere analizar los efectos del gasto público son las condiciones de trabajo de la fuerza de trabajo del país en cuestión. En este sentido, el gasto militar puede producir efectos positivos para la economía nacional en la misma medida en la que el gasto público aumenta el output nacional. Se trata de lo que en la teoría económica se llama efecto keynesiano: cuando en una economía hay una demanda agregada insuficiente y desocupación, la intervención pública puede tener efectos estimulantes, llevando a la economía al pleno empleo. Desde esta perspectiva, el gasto militar posee un papel crucial en la región medioriental donde la proporción media de personal militar representa el 4,6% de la fuerza de trabajo (1997-2005). Jordania posee la proporción más elevada: 7,7% de fuerza de trabajo, alcanzando el 10% de fuerza de trabajo. Junto a las fuerzas hachemíes, Bahrein, Siria, Líbano y Omán muestran una proporción superior al 5%. La ocupación militar no sólo garantiza una renta y mantiene el poder de adquisición, sino que también proporciona fueza de trabajo cualificada y especializada a través del entrenamiento proporcionado. De hecho, el sector militar es considerado uno de los mayores proveedores de formación en el trabajo (training on the job). La mejora de las competencias personales y las actividades adquiridas durante el servicio militar pueden ser de máximo valor en el empleo público. Estudios del sector han valorado que de nueve diferentes ocupaciones militares analizadas, todas han demostrado que la experiencia militar influye positivamente sobre los salarios recibidos en el sector público después del haber finalizado el servicio militar. Sin embargo mucho depende de la tipología de las cualidades adquiridas (conocidas como capital humano específico o general), que pueden ser reconvertidas de diversa forma en empleos públicos. Junto a esto, el ejército cuenta con la ventaja de ofrecer educacióñ y cuidados médicos que en ocasiones se extiende también a la familia del personal. Por todas estas razones se afirma que “el gasto militar puede contribuir a crear las condiciones para que el desarrollo económico tome impulso” (Dunne, 1996)

Capital: desviación de las inversiones y del ahorroComo los principios económicos enseñan, el presupuesto del Estado impone un vínculo al gasto público. Y los recursos asignados en un sector no están disponibles (y a veces ni siquiera son inmediatamente reasignables) para otro sectores del gasto público. Por esta razón, un aumento del gasto para defensa, erosiona las posibilidades de disponer de posteriores reservas destinadas a sectores económicos públicos. Se produce así una desviación de las inversiones productivas.Este efecto tiene una magnitud notable en Oriente Medio, donde el interminable conflicto árabe-israelí conduce a toda la región a un halo de inestabilidad política y de incertidumbre, que frena a los inversores. Los recientes acontecimientos en el Líbano refuerzan estas percepciones.La diversificación de las inversiones puede estar tan acentuada como para compensar al resto de los posibles beneficios que el sector militar puede producir. Como anteriormente se ha dicho, el gasto militar puede estimular la demanda agregada, manteniendo el poder de adquisición de una importante parte de la población y asumiendo, de esta manera, la función de motor de la economía.

Existen también otros mecanismos a través de los cuales el sector militar puede producir efectos positivos para toda la economía y puede beneficiar a la industria pública. Tiene especial relevancia por ejemplo, el equipamiento de infraestructuras (calles, puentes, presas). Otro aspecto positivo tiene que ver con los resultados de las ventas en investigación y desarrollo. La tecnología militar puede ser empleada en el sector civil con extraordinarios resultados (internet es un ejemplo emblemático).
La eficacia y la inmediatez con la cual el sector militar suele responder a estas necesidades puede ser beneficiosa para el florecimiento de un moderno sector de la industria pública. Depende, en gran medida, de los vínculos y las concesiones que existen entre ambos sectores. Todos los esfuerzos se han hecho con este objetivo.Jordania, por ejemplo, está intentando desde 1999 crear una base autónoma industrial con la creación del King Abdullah II Design and Development Bureau (KADDB), un aparato institucional que controla los intentos de sinergia entre el sector civil y el militar con el objetivo de llegar a la autosuficiencia militar, desarrollar equipamientos militares para el mercado de la exportación y contribuir a la modernización del sector industrial civil a través de la sinergia de investigaciones. Sin embargo, una reciente evaluación de los resultados del KADDB arroja dudas en cuanto a que se alcancen los objetivos establecidos. Las conexiones con el sector civil que tendrían que haber favorecido a la economía jordana parecen todavía débiles; una posible causa ha sido atribuida a la limitada base industrial del país. Esta conclusión viene reforzada por el hecho de que iniciativas análogas emprendidas en Brasil, Corea del sur, Taiwan y Sudáfrica, donde existe una mayor diversificación de la base industrial, han tenido efectos positivos.La eficacia del sector militar y la posibilidad de aplicaciones militares positivas para otros campos se mantiene de todas formas como una hipótesis posible. Los regímenes militares pueden ser corruptos e ineficaces como cualquier otra burocracia, convirtiéndose en un bastión de la ineficacia y del inmovilismo que, más que estimular, obstaculiza el desarrollo económico de la nación.

Otro aspecto importante a tener en cuenta es la modalidad de financiamiento del gasto militar. En los países en vías de desarrollo la recaudación de impuestos es en ocasiones compleja e ineficiente. Por este motivo, los gobiernos están tentados de financiar su propio presupuesto militar a través de aumentos de la base monetaria o a través de préstamos. Una expansión monetaria puede generar un fenómeno inflacionistico: el aumento de los precios reduce la capacidad de ahorro de las familias y disminuye las posibilidades de posteriores inversiones públicas. Cuando la financiación se obtiene a través de préstamos, estos provocan un aumento de lo tipos de interés. Esto desanima las inversiones internas y tiene un efecto de freno para los gastos internos. Entre los países en vías de desarrollo es bastante difundido el recurrir a financiamientos externos, a pesar de las consecuencias que estos últimos puedan convertirse en un círculo vicioso.

El financiamiento extranjero y la deuda pública

El financiamiento del gasto militar y de las importaciones de armamento que se producen mediante préstamos externos provocan un doble efecto que pesa sobre la balanza estatal y frena notablemente el desarrollo económico nacional. Considerar solamente el coste directo de las importaciones militares externas es limitado: muchas veces está la carga de los servicios de deuda externa que atenaza a los países en vías de desarrollo (coste indirecto). Para pagar sus importaciones militares, los países en vías de desarrollo a menudo dan salida a las reservas de divisa extranjera nacional y recurren a préstamos extranjeros. El peso de los intereses que tienen que pagar presiona sobre la balanza de pagos y a menudo es la causa principal del déficit permanente. Se otorgan préstamos adicionales en caso de insolvencia, pero generalmente con tipos de interés aún más elevados.

Recientes estudios han puesto de manifiesto una consistente correspondencia entre las fluctuaciones del gasto militar y la situación de las finanzas públicas en los países de la región. La “causa militar” de los déficits públicos ha dado origen al concepto de “deuda militar”, atribuyéndole una importancia creciente en la estipulación de los contratos de financiación. En estimaciones relativas al bienio 1989-1990, se calcula que la deuda militar representa cerca del 40% de la deuda total de la región.Se han llevado a cabo algunos intentospara sustituir las importaciones con producción nacional, poniendo en marcha programas de crecimiento de los complejos industriales existentes. Pero las valoraciones del impacto económico de estos esfuerzos han sido negativas. Estudios recientes han analizado las tentativas cumplidas en Egipto para ampliar la industria militar local: el resultado ha sido desilusionante y las razones del fracaso se atribuyen a la ineficacia de los programas, al recurso a préstamos adicionales y a los altos intereses para financiarlos, que más que aliviar la balanza nacional, pesan sobre ella.
Calcular la deuda militar con precisión es difícil: a menudo los pedidos se mezclan con las ayudas militares y fuentes de financiación alternativa no militares. Por ejemplo, ,la correlación entre gasto militar y endeudamiento en la región de Medio Oriente desde el año 1980 hasta el 1988. Se ve claramente como países que no han elevado la deuda pública son exportadores de petróleo (Arabia Saudí, Omán, Libia) o los destinatarios de ayuda militar (Yemen).El gasto militar se convierte en una carga irreducible en la balanza de pagos si el país es un neto importador de armas. La zona de Oriente Medio es un floreciente mercado para las importaciones de armas, especialmente en cuanto a sistemas navales y aéreos. La consigna de 48 aviones de combate en Arabia Saudí en el bienio de 1996-1998 ha producido un contrato de 17 mil millones de dólares con Reino Unido. En 2006 se emitió la controvertida orden para adquirir el 72 EuroFighter Typhoon: esta vez el valor alcanzó los 19 mil millones de dólares.El año 2006 ha sido un año caliente para las comisiones militares: el Bahrein ha ordenado 9 Black-Hawk por un valor estimado de 252 millones de dólares; Kuwait ha adquirido 24 helicópetros Apache, los Emiratos Árabes Unidos han recibido aviones F-16 del contrato firmado en el 200 con la Looked Martin por un valor de 6,4 mil millones de dólares. Pero dónde no existen los petrodólares, difícilmente estos encargos pueden satisfacerse sin comprometer duramente las finanzas nacionales. La razón fundamental en este lucrativo mercado es la carencia de un base industrial sólida que, sumada a las presiones internas y a la percepción de inseguridad que los desencuentros entre comunidad chiita y suníe contribuyen a mantener, hace necesario recorrer las exportaciones y asimismo dificulta reducir el presupuesto militar.

Detrás de los mitos del Peace Dividend

El término Peace Dividend incluye todos los beneficios a largo plazo que una reducción del impuesto militar sobre el presupuesto del Estado provoca, en términos de crecimiento del output civil y de los servicios. Si bien los expertos difieren sobre el porcentaje, pocos ignoran la contribución.
Existen muchos aspectos sobre el Peace Dividend, a menudo centradas en la idea de que sea una conquista inmediata: los beneficios del cambio de los recursos del presupuesto militar a otro tipo gastos públicos no son necesariamente instantáneos porque los recursos no son perfectamente sustituibles. La conversión requiere tiempo y políticas de ajuste par la redistribución del capital físico y de la fuerza de trabajo. Y, a menudo en un periodo corto, se generan, por el contrario, costes elevados para la economía nacional. El desafío es el de transformarlos en beneficios duraderos.

Una reducción del gasto en defensa hace que muchos puestos de trabajo resulten innecesarios: esta fuerza adicional de trabajo que vuelve a estar disponible, debe ser reconvertida para que pueda ser absorbida rápidamente por el sector público. Las instalaciones que albergaban industrias militares deben ser convertidas en nuevas producciones comerciales. En ocasiones existen economías locales completamente dependientes de la producción militar, cuya reducción erosiona duramente su capacidad de sustento. En este caso no son necesarios programas de entrenamiento para los ex dependientes, ni facilitaciones de movilidad de trabajo para hacer menos duro el periodo de transición. Estos pocos ejemplos llaman la atención sobre la importancia de políticas públicasespecíficas para sacar provecho de la potencialidad del desarme.
Los costes y beneficios económicos son díficiles de estimar con exactitud: la información pública sobre la deslocalización de las estructuras militares y la composición de su propia fuerza de trabajo es escasa y generalmente no está disponible. Hay que destacar que, mientras la seguridad en la región siga siendo amenazada por las rivalidades que perduran entre las comunidades chiita y suní, será difícil planear el inicio de un programa de desarme. Pero el desafío para invertir en el Peace Dividend permanece en pie.
-
Equilibri.net - Italy/05/10/2007

No hay comentarios:

Locations of visitors to this page